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Description:
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Se sabe desde Babilonia que la ciudad es odiosa. No en vano, Caín fundó la primera de todas ellas, y desde entonces la cosa no ha mejorado. O’Henry decía que Nueva York carecía de un solo alma, Dickens describió Londres como si fuera una porqueriza y Ósip Mandelstan definió Moscú como una ensalada de madera y vidrio. También hay tuiteros ingeniosos que llaman "Carcelona" a Barcelona y "Pudrid" a Madrid. Por supuesto hay quien fantasea con volver al pueblo, donde se guarecen las esencias de lo auténtico (la fiscalización, la endogamia, la autenticidad, la falta de trabajo). Y también quien echa en falta las ciudades de antaño, cuando los aguadores vendían embotellada el agua de las fuentes y los vecinos gritaban sus alegres "agua va" al arrojar por la ventana el contenido de los orinales; quizá el Madrid de Galdós no era tan brioso como parecía, y acaso los figones cochambrosos que frecuentaba el ciego Almudena los habría cerrado Santidad; bien pensado, por el cuchitril de Fortunata en la Cava de San Miguel hoy le pedirían un ojo de la cara. Por eso es de celebrar la guerra (la expresión bélica es suya) que la ministra Isabel Rodríguez, que ayer estuvo en esta santa casa, ha emprendido contra los pisos turísticos ilegales, quizá viendo que Carlos Hernández Quero, de Vox, le come la tostada en el extrarradio y en los barrios populares. Hasta Trump ha dicho algo parecido. Curiosos tiempos en que la derecha te adelanta por la izquierda. Alsina: en conclusión…Decía el castizo que la felicidad va por barrios. Quizá, en vez de enredarnos en sesudos debates sobre urbanismo, convendría recuperar la vieja urbanidad. No nos hagamos daño. |