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Podcast: Little Steven´s Underground Garage
Episode:

Peces de ciudad, un homenaje a Sabina: la historia por los lugares que le marcaron

Category: Music
Duration: 00:00:00
Publish Date: 2025-12-16 09:37:09
Description:

En el corazón de Madrid, en la misma cueva donde un joven Joaquín Sabina comenzó su leyenda, se rinde tributo al genio. El bar Lamiak, antes conocido como La Mandrágora, acoge un encuentro único con Rodrigo Contreras, los escritores Kike Babas y Kike Turrón, y el productor Alejo Stivel. Un viaje por las ciudades, canciones y vivencias que definieron al artista que, como él mismo dice, nació en Madrid a los 28 años.

Todo arranca en Úbeda en 1949. En una España gris de dictadura, el hijo de un policía y una “señorita bien” ya apuntaba maneras. Como recuerdan los Kikes, biógrafos del artista, un episodio clave fue cuando cambió un reloj que le ofrecía su padre por una guitarra, marcando el “primer punto de separación con su hermano mayor”. Su abuelo, figura clave, le descubrió la zarzuela y le pasaba a escondidas los versos proscritos de Lorca.

Esa inquietud le llevó a Granada, un hervidero cultural y político a finales de los 60. Allí, como una esponja, absorbió las ideas del Mayo francés y los movimientos estudiantiles. Su activismo clandestino culminó con uno de los episodios más duros de su vida: su propio padre tuvo que detenerle. La tensión estalló cuando, en un acto reivindicativo, lanzó un cóctel molotov contra una sucursal bancaria, lo que le obligó a huir para no acabar en la cárcel.

Su huida le llevó a Londres, donde sobrevivió con oficios tan peregrinos como limpiar centollos o llevar cadáveres en la morgue de un asilo. Fue en los pubs londinenses donde, tras ver a un mediocre cantante de rancheras, decidió que él podía hacerlo mejor. Tocando por unas monedas, nació una de sus grandes leyendas: un día, entre el público, un tal George Harrison le echó cinco libras.

Pero el cambio fundamental llegó a través de su novia inglesa, Leslie. Él venía de la canción de autor de Paco Ibáñez y Atahualpa Yupanqui, y ella le descubrió a Bob Dylan y a The Rolling Stones. “Al tipo le vuela la cabeza”, sentencian los Kikes. Ese bagaje musical, sumado a la efervescencia de una ciudad donde podía ver en directo a David Bowie o Lou Reed, fue el caldo de cultivo para el artista que estaba por venir.

Tras su regreso a España y cumplir el servicio militar, Sabina aterriza en Madrid y encuentra su sitio: La Mandrágora. Junto a Javier Krahe y Alberto Pérez, redefine la figura del cantautor. “Se va inventando una forma de ser cantautor que difiere de lo que había: no trascendental pero divertido, no gris sino de colores”, explica Kike Turrón. Aquí nace el Sabina más canalla, nocturno y madrileño.

El punto de inflexión fue cuando el productor de TVE, Fernando García Tola, bajó las escaleras del local y les fichó para su programa. La televisión catapultó su imagen y poco después formaría su banda, Viceversa, junto a músicos como Pancho Varona y Antonio García de Diego. Se convierte en una auténtica estrella, capaz de llenar Las Ventas y de escribir crónicas sociales tan certeras como “Princesa”, sobre los estragos de la heroína.

El siguiente gran salto llega con el disco '19 Días y 500 Noches', una obra que, según cuenta el propio productor Alejo Stivel, nace de su propuesta de romper con el sonido anterior. “Me parecía que sus grabaciones no correspondían con las canciones, con su personaje”, recuerda Stivel, que para ello decidió llamar a su propio equipo de músicos. El objetivo era lograr un sonido más crudo y real.

Stivel le insistió en que su voz debía sonar “más real, como eres tú”. Le animó incluso a grabar la guitarra en temas como “A mis cuarenta y diez”, algo a lo que Sabina se resistía. El proceso fue largo y obsesivo, reflejo de la famosa frase del artista que Stivel rememora: “Yo no acabo los discos, a mí me los arrancan”. El éxito fue rotundo y el disco se convirtió en un clásico que enganchó a nuevas generaciones.

Con el cambio de siglo llegaron las nubes negras: un ictus, bautizado por él como “el marichalazo”, y una profunda depresión. En ese momento, emerge la figura capital de Jimena Garcés, su pareja. “Yo creo que Jimena en algún punto le salvó la vida a Joaquín”, afirma Alejo Stivel. Ella, junto a un núcleo duro de amigos como Luis García Montero y Benjamín Prado, le ayudó a salir del bache.

Esta etapa transforma al Sabina “rockero y despampanante de la noche” en un Sabina “más poeta, más de apreciar sus libros, más de indoor”, como analiza Kike Turrón. Es una evolución lógica y necesaria. Las monumentales giras con su amigo Joan Manuel Serrat y sus colaboraciones con artistas más jóvenes como Leiva demuestran su capacidad para reinventarse y mantenerse relevante, vampirizando el talento ajeno para refrescar el suyo.

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