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Podcast: Evangelio del dia y comentario
Episode:

Jueves de la II semana del Tiempo de Cuaresma

Category: Religion & Spirituality
Duration:
Publish Date: 2018-02-28 15:30:05
Description: EN LA IGLESIA LA GRACIA CAMBIA NUESTRA MENTALIDAD Vivir en serio la Cuaresma nos entrena a vivir cada día en conversión, dispuestos a un cambio radical de la forma de pensar, según el sentido del original greigo metànoia. ¿Y cual es el modo de pensar que estamos llamados a rechazar? Tragados por una sociedad que nos tritura en hacer para el placer sin pensar en las consecuencias de los pensamientos, gestos y palabras, tenemos delante siempre y sólo "nuestros bienes", con los que nos ilusionamos de evitar los "males." Vivimos tratando de ser "ricos" para no volverse como Lázaro, porque "sus padecimientos" nos dan miedo. El demonio, en efecto, nos ha engañado presentándonos la tierra donde nos hacemos dios como un Paraíso y el Paraíso dónde obedecer a Dios como un infierno. Pero, por cuánto nos vestimos de "púrpura y repito" y "banqueteamos espléndidamente", experimentamos cada día que no somos dios. Peor, perdemos nuestra identidad, come il rico que, a diferencia de Lázaro, no "tiene nombre: esta es la maldición más fuerte de lo que le confía en si mismo o en las fuerzas, en las posibilidades de los hombres y no en Dios: derrota el nombre. ¿Cómo te llamas? Cuento número tal, en el banco tal. ¿Cómo te llamas? Muchas propiedades, muchas villas, muchos... Y tú confías en esto, y este hombre es maldecido" (Papa Francisco). ¿Has pensado que hoy podrias morir? ¿Qué podría morir tu marido, hasta tu hijo? Nunca, porque la muerte la hemos removida. Convertirnos significa entonces parar de huir y empezar a pensar en los Novissimi, "muerte, juicio, infierno y paraiso", come nos enseña el Catecismo de san Pio X: "Es bueno pensar a los Novissimi cada día, y máximamente en hacer enseguida oración por la mañana, al despertarse, por la noche antes de ir a dormir y todas las veces que somos tentados a hacer mal, porque este pensamiento es válido para evitar el pecado." Frente a cada acontecimiento, en efecto, somos "tentados" a hacer mal para no mirar el "pobre Lázaro" en el que se refleja nuestra realidad. Convertirnos significa pues tomar de peso nuestra vida deponiéndola bajo la luz del Evangelio profetizada por "Moisés" y los Profetas. Los "tenemos" en la Iglesia nuestra Madre que ilumina nuestros corazones y el sentido de nuestra vida porque, sintiendo traspasarnos el corazón descubriéndonos a pecadores, podemos desear de convertirnos. Cuidados en esperár milagros que cambien la vida: si en este instante apareciera tu padre resucitado, no cambiaría nada; no "seríamos persuadidos" y no creeríamos en la vida eterna porque nos hace falta la fe adulta engendrada por la experiencia. Sólo quién, "llagado y mendigo" a las puertas de la Iglesia, ha sido acogido y se ha "saciado" con el amor en las "migas" del cuerpo de Cristo crucificado, puede creer en la vida después de la muerte. Sólo quién ha experimentado la muerte y el infierno de la soledad a causa de los pecados, el juicio de misericordia anunciado por el Evangelio y la vida nueva capaz de amargos primizia del Paraíso, puede cambiar mentalidad y fijarse con fe en la Verdad de los Novissimi. Y la fe viene de la escucha de la predicación, porque Dios ha querido salvar a los hombres con su necedad. En ella Jesus nos alcanza donde estamos. Para salvarnos ha asumido nuestra naturaleza de pobres Lazzaros: Él está "llagado" por los latigazos de nuestros pecados, "yace a la puerta" de nuestra vida mundana, orgullosa y arrogante. "Desea de saciarse de las migas che caen de nuestro comedor", o bien desea ardientemente comer con nosotros la Pascua recogiendo los fragmentos en los que hemos lacerado nuestra vida "banqueteando" espléndidamente para saciar cada concupiscencia. Así Jesús ha volcado los criterios con que el mondo bajo el poder de satanas entiende la justicia. Su Cruz ha asumido todos los "males" de Lázaro para hacer de ellos el camino que conduce al "consuelo" eterno, desenmascarando la mentira de los "bienes" que, encadenándonos al egoísmo, nos acompañan en los "tormentos." "Convertios y crees al Evangelio": ha iniciado así la Cuaresma. Así estamos llamados a iniciar cada día. Se trata del camino de una vida, nada se improvisa. El Paraíso empeza en esta tierra, exactamente como el infierno. Después de la muerte no se podrá "pasar" de uno hacia al otro. La historia que nos ha sido dada es el anuncio y la preparación para afrontar los Novissimi, la Pascua completa y definitiva. Convertimonos y abrimos los ojos: hoy nos espera la muerte escondida en el insulto de tu mujer, en la superficialidad de tu marido, en la arrogancia de tu hijo y en la calumnia de tu colega, en la enfermedad y en la precariedad económica. No temas, escucha el Evangelio y apoyate en Cristo para que puedas donarte y subir a la Cruz. Sobre de ella experimentarás el juicio de misericordia que adelanta aquello final, que te dona hoy el "consuelo" que perfuma de Paraíso. De ella estamos llamados a ser nosotros mismos una profecia, "enviados a casa de nuestro padre" y de nuestros "cinco hermanos" para que sean "reprochados" por nuestras llagas hechas gloriosas e nel perdón; y así no "vayan también ellos en el lugar de tormento" si no, saciándose de misericordia en las llagas de Cristo imprimidas en las nuestras, se conviertan y gusten con nosotros las primicias del Paraíso.
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