Diversos estudios recientes sugieren que la interacción con sistemas de inteligencia artificial generativa puede disminuir la diversidad de la expresión humana y, además, influir en nuestras opiniones sobre asuntos social y políticamente delicados. No se trata de que la inteligencia artificial nos ayude a escribir mejor o más deprisa. El asunto es más profundo y mucho más capcioso: que, mientras creemos estar usando una cómoda herramienta, quizá la herramienta esté usándonos a nosotros para reescribir, aunque solo sea un poco, la manera en que pensamos.