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Es del todo indudable que la conocida frase, atribuida a Felipe II y pronunciada cuatro siglos más tarde, tras la derrota de las fuerzas españolas de la Armada Invencible, encajaría plenamente con el sentir de Kublai Kan al ver de regreso en dos ocasiones, la flota mongola enviada a invadir Japón.
“Yo envié mis naves a luchar contra los hombres, no contra las tempestades. Doy gracias a Dios de que me haya dejado recursos para soportar tal pérdida: y no creo importe mucho que nos hayan cortado las ramas con tal de que quede el árbol de donde han salido y puedan salir otras”.
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Basado en artículo de Juan Fco. Morón Vázquez (Codex Belix) en la revista digital Historia Rei militaris nº 8
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