Una sutil diferencia entre la soledad y la desolación que a la larga se vuelve enorme, pues uno de estos caminos nos lleva al sufrimiento y el otro a la felicidad. Todas las personas nacemos en soledad y nos vemos enfrentados a descubrir cómo combinar día a día nuestro deseo de formar parte de un grupo que amamos y, al mismo tiempo, ser nosotros mismo, seres independientes y realizados con su propia manera de vivir.
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