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Hoy en Supracortical, platicaremos del conflictivo contraste entre cultura y sexualidad.
Estas dos áreas de la vida del ser humano que se contraponen y se complementan causando muchos de los conflictos existentes para las sociedades y para cada individuo, y al mismo tiempo, dos áreas completamente necesarias para que la cultura continúe.
El impulso sexual es uno de los métodos más primitivos que permiten la supervivencia de millones de especies. La búsqueda del contacto erótico se ha relacionado con grandes logros y con grandes guerras a lo largo de nuestra historia.
La sexualidad ha generado que existan diferentes “bandos” entre los ser humanos, comenzando con el machismo y el feminismo. Un libro que explora profundamente la relación entre cultura y sexualidad es «El dragón y el Unicornio», donde se explica al matriarcado como una primera forma de organización cultural, puesto que quien producía el crecimiento del grupo era la mujer, mientras que el hombre no conocía aún su participación en el proceso. Según explica el libro, esta capacidad reproductiva de la mujer se asoció con el dragón, con la serpiente, con figuras míticas de un animal capaz de comerse a sí mismo y generar más vida: una creación infinita.


Más adelante, el varón comprendió su papel en la creación de otros seres humanos, a la par que nació la cultura, la propiedad privada. La conciencia de nuestra propia muerte nos obliga a pensar en trascender por medio de la herencia, de dejar a nuestros hijos lo que es nuestro. Sin embargo, la mujer es capaz de garantizar su maternidad, mientras que el varón no puede asegurarse de ser el padre de un nuevo ser humano, solo puede garantizarlo al convertir a la mujer en propiedad privada, limitar su derecho natural de relacionarse con quien ella quiera y así asegurase de ser la única pareja, garantizando que el hijo es de ambos.
Las figuras legales han establecido el término accesorium sequitur principale que establece que lo secundario sigue la suerte de lo principal, así el poseer a la madre le permite al varón poseer a su hijo. La fidelidad desde esta perspectiva depende más de la propiedad privada que del amor.

Poder recuperar el desarrollo de nuestros impulsos sexuales nos permitirán liberar las tensiones naturales que entran en conflicto con la cultura. Santa Teresa enseñaba a sus discípulas el verdadero matrimonio espiritual, el desarrollo de la sexualidad a través de el contacto con Dios, con el Cosmos, con la Naturaleza. La castidad como vía del desarrollo sexual.

Aún existe mucho más para analizar, este es el primer episodio donde hablamos del tema.
¡Que lo disfruten!
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