Hace unos años, creíamos que el integrismo religioso estaba limitado al Islam. Hoy, al ver a los evangélicos buscar la guerra en Medio Oriente para iniciar el final de los tiempos y a Netanyahu incorporar narrativas religiosas en su política exterior, surge una pregunta: ¿será que cualquier intento de mezclar religión y política acaba en este escenario, independientemente de las intenciones iniciales?