Hay personas que no dudan de Dios, pero dudan profundamente de sí mismas.No cuestionan si Dios puede… cuestionan si ellos pueden.
Viven con una voz interior que repite:“No soy suficiente.”“No tengo lo que se necesita.”“Otro sí. Yo no.”
Esta herida no siempre se presenta como inseguridad evidente.A veces se disfraza de humildad, de prudencia, de “realismo”.Pero en el fondo es miedo: miedo a exponerse, miedo a fallar, miedo a no estar a la altura del llamado.