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Había una vez un pequeño pueblo en la India, ubicado en el valle de los Himalayas. Los habitantes de este pueblo eran conocidos por su amor por la música, y cada noche se reunían alrededor de una hoguera para tocar y cantar. Entre los habitantes del pueblo había una joven llamada Rahda, quien tenía una voz angelical y una gran pasión por la música. Ella soñaba con viajar a la gran ciudad y ser una gran cantante, pero su padre, un estricto sacerdote local, siguiendo las tradiciones locales se oponía a su sueño y la obligaba a dedicarse solo a las tareas del hogar. Un día, mientras paseaba por el bosque, Rahda se encontró con un extraño anciano que tocaba un instrumento desconocido. Ella se acercó a él y le preguntó qué estaba tocando, a lo que el anciano respondió que era un instrumento mágico capaz de conceder un solo deseo a quien lo tocara correctamente. Radha le preguntó al anciano si podía enseñarle a tocar el instrumento, y él estuvo de acuerdo, siempre y cuando lo siguiera a su monasterio donde le podría ensenar como tocar aquel extraño instrumento, el cual se decía que podía cumplir un único deseo a quien lo dominara pero solo uno no importaba cuantas veces se tocara. Durante semanas, Rahda estudió con el anciano, aprendiendo a tocar el instrumento y descubriendo sus melodías mágicas. Al final, se convirtió en una excelente intérprete, capaz de hacer que el instrumento cantara como nunca antes lo había hecho con ningún otro interprete Cuando sintió que ya era capaz de tocar el instrumento sin ayuda de su maestro decidió volver a su casa. El anciano de nuevo le advirtió que tenía que ser muy cuidadosa cuando pidiera el deseo ya que no tendría una segunda oportunidad. Radha simplemente tomo el instrumento y se marcho a su pueblo. ‘ De camino a su pueblo Radha comenzó a hacer una lista de sus deseos, y a medida que caminaba más y más deseos se iban acumulando en su lista. Quería viajar por el mundo, quería ser una concertista reconocida, quería conocer a un musico, amarlo y vivir con el , quería que su música se escuchara el el mundo entero, quería fama y fortuna, quería que todos la reconociera. De pronto cuando cruzaba la portada de su pueblo, encontró que todos salían a recibirla. Ella extrañada pregunto que era lo que sucedía, porque todos la recibían. De pronto uno de aquellos que la recibieron le dijo. Que su padre estaba seriamente enfermo y que solo la esperanza de que ella regresara lo mantenía con vida. Rahda corrió a la casa de su padre y al entrar lo encontró postrado en su cama y con el dolor que el causaba verlo así solo atino a comenzar a tocar su instrumento para su padre. Y aquel instrumento, junto al lecho de muerte de su padre sonó como nunca antes había sonado. Las melodías llenaron aquel aposento y subieron por la chimenea y pronto todos en el pueblo podían oír la música más bella que se hubiera tocado y al mismo tiempo la más triste. De pronto algo mágico sucedió entre las notas de aquel instrumento una luz de esperanza comenzó a surgir, el padre que llevaba varios días sin abrir los ojos pudo abrirlos de nuevo y mientras Rahda tocaba su instrumento una sonrisa comenzó a formarse en su cara. La sonrisa que solo un padre puede tener al ver a su hija. Rahda había pedido que su único deseo fuera que su padre se recuperara y poderlo abrazar una vez más. A partir de ese momento, Rahda se convirtió en la cantante más famosa del pueblo y su padre se convirtió en su mayor admirador. El pueblo entero la celebró como una heroína, y su música se convirtió en la banda sonora de la vida diaria de todos. Y así, la música de Radha se convirtió en un símbolo de esperanza y curación para todos aquellos que la escuchaban. Y solo mucho tiempo después, cuando su padre ya había partido del mundo, la fama y el reconocimiento le llegó a aquella artis |