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En Ucrania, el colapso de la presa de Kajovka no sólo afecta a las poblaciones que se ubican aguas abajo. Aunque Nikopol no quedó inundada como otras ciudades, debido a que se encuentra antes de la presa, sus habitantes se quedaron sin agua y viven bajo la amenaza de una fuga en la central nuclear de Zaporiyia. Son las 12 del mediodía y la temperatura alcanza los 30 grados en Nikopol, que ha tomado gran protagonismo en la guerra por ser la población ubicada al frente de la central nuclear de Zaporiyia, actualmente bajo control ruso. “Todo da mucho miedo” Decenas de personas hacen fila con bidones de plástico en la mano, a pesar de que suenan las alarmas. Valentina, de 81 años, que se ha sentado en el corredor de un colegio, bajo la sombra, a esperar que llegue el camión cisterna con agua potable, ha desistido de hacer la fila. “Todo da mucho miedo porque la planta nuclear está al lado. Esto es lo que nos da más miedo, pero tampoco hay agua. Y somos viejos. Tenemos que venir a recoger agua de aquí, pero no podemos… Es físicamente difícil para nosotros. Por eso es que tenemos miedo. Todos los días están atacando, durante la noche y día”, cuenta. Como muchos en Nikopol, Valentina abandonó la ciudad meses atrás para escapar de los ataques y de la falta de electricidad en invierno. Para entonces Moscú atacó sin piedad la red eléctrica del país. Regresó hace dos meses, pero la destrucción de la represa de Kajovka ha dejado a esta parte del río Dniéper sin agua, y también al resto de la ciudad.“Ni en los peores sueños pensé que esto nos pasaría. Que los supuestos llamados hermanos nos harían esto. Que el final de nuestras vidas sería tan difícil”, lamenta Valentina que, viuda, vive sola en su casa. “Nada puede sobrevivir sin agua” En su casa al lado del río Dniéper, Ludmila, de 60 años, ha sembrado junto con su esposo los vegetales con los que sobreviven en verano, cuando su trabajo en una caldera se detiene. Algunos son para su consumo y otros para la venta. “No sobrevivirán sin agua. No sobrevivirán. Nada puede sobrevivir sin agua. Nunca me imaginé que esto podía pasar. Mi hijo no puede creer que nuestro mar ha desaparecido”, dice. Para completar su drama, el sector donde vive es atacado sin piedad por las fuerzas rusas. Días atrás uno de sus vecinos murió y otro quedó herido. Pero Ludmila afirma que intentaran no irse mientras sea posible, aunque no niega que su peor pesadilla es que algo pase en la planta nuclear, como lo ha advertido el presidente Volodimir Zelenski. |