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En la carretera que comunica de norte a sur la provincia de Zaporiyia, una fila de vehículos esperan en frente al último reten antes de emprender el tramo final del camino hacia el territorio ocupado por Rusia.
Por Catalina Gómez Ángel, desde Zaporiyia, Ucrania
Se trata de la única ruta habilitada para hacer el trayecto que va de norte a sur de Zaporiyia, incluido para aquellos que buscan pasar a territorio bajo control del ejército de Ucrania.
“Miedo, tenemos miedo”
Maxim va con su mujer, sus dos hijos y un gato: “Habíamos venido para un tratamiento médico en el hospital… Y nos vamos de vuelta porque tenemos cosas pendientes que tenemos que atender”, cuenta.
Se dirigen a Energodar, una población donde está ubicada la mayor planta nuclear de Ucrania, hoy bajo control ruso. No duda en confesar varias veces que es peligroso: “Miedo, tenemos miedo”, repite.
El primer peligro lo encuentran pocos kilómetros más adelante, cuando empiezan a verse decenas de edificaciones semi destruidas. Entonces se desvían a una carretera de tierra que cruza la población campesina de Kamianske, donde no más de 20 personas permanecen. A partir de allí entran en una zona gris, en contienda entre ambos ejércitos.
“Cosas horribles han pasado”
Natalia es una de las personas que todavía viven allí y es testigo a diario de los ataques: “Cosas horribles han pasado … Una caravana de carros con niños pasaba por aquí y los atacaron. Las niñas gritaban. Se intentaron esconder. Es imposible, oyes explosiones de este lado y del otro”, denuncia.
Natalia dice que no entiende por qué atacan a esas familias que cruzan. Muestra a la distancia y cuenta que hay posiciones rusas sobre un molino tras unos árboles.
“Alguna clase de solución”
Tatiana y Serguéi viven más adelante. Cuentan que es la casa que construyeron para pasar la vejez. Pero su vida se ha convertido en un infierno: “Mire… El pueblo está totalmente destruido. Dormimos en el sótano, vivimos en el sótano, ¿entiende lo que es eso?”, dice.
“Ya casi no tenemos agua… No hay gas… ¿entiende lo que significa eso?”, enfatiza. “Tal vez puedan encontrar alguna clase de solución, o que alguno avance, o que el otro retroceda”, concluye.
“Había fuego cruzado”
Una vez ha pasado la caravana que va al sur, empiezan a aparecer una fila de coches que entra a territorio en control de Ucrania. Van rápido y ninguno se atreve a detenerse. Tienen como destino el centro de acogida de Zaporiyia, donde las autoridades los registran.
Allí encontramos a Irina y su familia que vienen de Jerson, donde el ejercito ucraniano ha iniciado una contraofensiva para recuperar su control: “Durante los 20 minutos de la zona gris, íbamos con las manos cogidas y agachados pues sobre nuestras cabezas había fuego cruzado”, explica la maestra de secundaria.
Irina cuenta que pasaron cinco días en la carretera antes de que los dejaran avanzar. Sólo permiten el paso de 80 vehículos por día. Un infierno para los más de 1.000 vehículos que, dice esta mujer, esperan al otro lado. |