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La pesca se ha convertido en el elemento más complicado de resolver en las negociaciones posbrexit entre Reino Unido y la Unión europea. Mientras el bloque pide mantener un status quo lo más similar a las condiciones previas al divorcio, el Reino Unido quiere que se negocie el acuerdo cada año. Una petición inviable para las empresas pesqueras europeas.
Actualmente, nueve flotas de la Unión Europa pescan en aguas británicas: España, Francia, Holanda, Bélgica, Alemania, Dinamarca, Irlanda, Suecia y Polonia, obtienen en esas aguas el 40% de las capturas de la flota europea. Esto representa unos 650 millones de euros en primera venta, mientras que los británicos obtienen de las aguas europeas unos 173 millones de euros.
Pese a estas cifras, la pesca no alcanza el 0,1% del PIB del Reino Unido y tampoco supone un sector tan esencial como otros para la Unión Europea, pero sí representa un símbolo político importante para Inglaterra, que hizo de este tema su emblema de cara al referéndum que proponía el Brexit.
Analistas explican que por esta razón el primer ministro británico Boris Johnson se mostraría más reacio a hacer concesiones. Así lo afirma Javier Garat, presidente de Europêche, el organismo que agrupa a las pesqueras de Europa.
Javier Garat también señala que más allá de las toneladas de venta, lo que está en juego son las especies de peces compartidas entre Reino Unido y el bloque, especies sobre las que se logró tener una política de pesca y producción responsable y que de no llegarse a un buen acuerdo, se verían fuertemente impactadas.
Cuando el 1° de enero el Brexit se consuma al concluir el período transitorio pactado, el Reino Unido abandonará la Política Pesquera Común, que define el acceso de los barcos europeos a la llamada Zona Económica Exclusiva de este país y en ese nuevo escenario, Londres estaría tratando de retener hasta un 80% de la pesca en sus aguas. Un reclamo imposible de aceptar para los europeos.
Otra de las propuestas de Inglaterra es implementar un régimen parecido al noruego, que negocia cada año las capturas de las flotas de la Unión Europea en sus aguas, una petición que también resulta inviable para el bloque pues mientras con Noruega se pacta la pesca de media docena de especies, en los mares británicos se haría para casi un centenar.
El objetivo de las negociaciones es llegar a un acuerdo que permita a la flota de la Unión Europea seguir faenando en aguas británicas y a los británicos continuar vendiendo sus productos pesqueros en territorio comunitario, sin aranceles ni impuestos en las fronteras. De no llegarse a un acuerdo respecto a este tema, el perjuicio seria para ambos.
La Unión Europea representa el destino de dos tercios de las exportaciones pesqueras del Reino Unidos, y Francia es su principal cliente. De no haber acuerdo este comercio podría enfrentarse a aranceles de hasta un 24%, según el informe de la Eurocámara. Sin embargo, todo apunta a que más temprano que tarde, se llegará a un acuerdo, en algún punto intermedio provisional y aceptable para ambas partes.
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