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En el 2020, la capital política de la Unión Europea, Bruselas, donde se escuchan decenas de idiomas y por la que desfilan figuras políticas de todo el mundo, quedó en silencio y casi vacía por las restricciones impuestas para luchar contra la crisis de la pandemia de coronavirus.
2020 fue el año en que pasamos del ruido, las aglomeraciones, los restaurantes, los bares llenos al silencio. 2020 también ha sido el año en que, por primera vez en su historia, las instituciones europeas dejaron de acoger a una gran mayoría de sus trabajadores y visitantes. La primera institución en adelantarse a las medidas restrictivas fue el Parlamento Europeo. Su presidente, David Sassoli, vio venir la dureza del virus desde que su país natal, Italia, fuera el primero en sufrir las consecuencias del Covid-19 a finales de febrero.
“El Parlamento tuvo que proteger de la pandemia a los diputados, a los funcionarios, a toda la gente que en condiciones normales trabaja en el Parlamento Europeo”, dice a RFI el portavoz de la institución, Jaume Buch. “Pero por otra parte, también hubo que organizar las cosas de manera de que el Parlamento pudiese seguir funcionando. Recuerdo una frase del presidente de Galicia que dijo en aquel momento de que la democracia no puede ser derrotada por un virus y que en los momentos de crisis es cuando es más importante que las instituciones puedan seguir trabajando”.
La Comisión Europea también se tuvo que acostumbrar a la nueva situación, cambiando la forma en cómo debía interactuar con sus trabajadores. La institución que mantiene ruedas de prensa todos los días a las 12 de la mañana, vio como sus alas ya no contaban con ningún periodista, pasando a encuentros por videoconferencia.
“Los contactos están prácticamente limitados desde mediados de marzo”, dice a RFI el portavoz de Recursos Humanos del ejecutivo comunitario, Balazs Ujvari. “Pero el servicio de portavoces sigue asistiendo los periodistas en cualquier momento, también a través de los medios digitales, incluyendo un número significativo de videoconferencias”.
En Bruselas, 1000 periodistas cubren la información europea y también tuvieron que adaptarse a la nueva situación.
“El COVID-19 va a introducir cambios enormes en la manera de trabajar, porque algo que era básico para el periodismo, para la credibilidad, que era estar en el sitio, pero eso con esta situación de la pandemia se pierde”, dice a RFI la representante de la prensa española en la Asociación Internacional de Prensa, Griselda Pastor. “Por Internet todo el mundo puede estar en cualquier sitio y eso es muy bueno y a la vez es un poco dramático porque reduce mucho los contactos reales y a la larga amenaza al pluralismo”.
En 2020 todo el mundo tuvo que cambiar su forma de vivir, de trabajar. También fue el año en que la Unión Europea se enfrentó a los desafíos más grandes de lo que jamás hubiese imaginado. |