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La población de los barrios judíos ultraortodoxos suscita gran inquietud en Israel pues el nivel de contaminación por COVID-19 en esas zonas es particularmente alto.
Cuarenta y ocho horas antes de la celebración de ¨Pesaj¨, la Pascua judía, las autoridades israelíes ruegan pero también imponen a la población general que se quede en casa durante las celebraciones.
La Pascua judía es una fiesta que simboliza la libertad y que tradicionalmente une a las familias judías en una cena acompañada por la lectura de la leyenda que describe la salida de la esclavitud bajo los faraones en el antiguo Egipto.
Cuando el número de contagiados de COVID-19 ya supera los 8.000 y con más de cincuenta víctimas mortales, Israel hace uso de todas las herramientas conocidas para moderar la curva sinóptica de los contagios.
Gran número de contagios
Pero para la población de judíos ultraortodoxos, estas restricciones son especialmente difíciles de respetar. Esto llevó a un gran número de contagios, que supera en varias veces al porcentaje de este sector en la población israelí.
Las autoridades decretaron una clausura total de la ciudad de Bnei Brak, próxima a Tel Aviv, con sus 250 mil habitantes, instalando bloqueos policiales y militares en sus más de sesenta accesos. Otros barrios habitados por judíos ortodoxos también serían clausurados.
Desde su casa en Maale Adumim, el rabino Yerahmiel Barylka explica que ¨la comunidad ultraortodoxa se caracterizó siempre por obedecer verticalmente en forma exclusiva en su radio a sus autoridades rabínicas y de pronto descubrieron triste y lamentablemente que sus grandes líderes no están a la altura de la historia y es muy difícil predecir qué puede suceder. Es muy probable que muchos de ellos por primera vez decidan apartar sus oídos de los fallos que hasta ahora no se atrevían ni siquiera a pensar en forma disidente¨.
Posible endurecimiento de las medidas
Barylka agrega que es también probable que otros sectores se cierren aún más, principalmente ante un sentimiento de persecución, dado que la sociedad empezó a condenarlos como casi causantes del crecimiento del contagio en el Estado de Israel y también en ciertos sectores de Nueva York.
Es que las imágenes de la policía sacando por la fuerza a fieles judíos de las sinagogas decretadas cerradas, en el Estado judío, son inéditas. Para muchos ultra religiosos, el cierre de las sinagogas fue interpretado como una reglamentación arbitraria y no una necesidad epidemiológica.
Es muy paradójico el hecho de que por motivos de la política de coalición gubernamental, el ministro de Salud de Israel, Yaakov Litzman, es miembro de la comunidad ultraortodoxa. Muchos lo ven como inepto para el cargo y responsable por una cadena de errores que provocó el gran número de contagios entre esa comunidad, imponiendo con atraso el cierre de las sinagogas y la prohibición de fiestas de bodas.
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