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Mientras el mundo deportivo se ha paralizado en todo el planeta, en Japón algunas competencias continúan, como las de sumo, aunque sin público.
En la lucha tradicional japonesa del sumo, ser arrojado fuera del círculo o tocar el exterior con cualquier parte del cuerpo implica la derrota. No falta la emoción, los luchadores dan lo mejor de sí y la televisión nacional transmite los combates de un deporte cuyos orígenes se remontan al siglo 8.
Pero por primera vez en su larga historia, los combates no tienen público físico debido a una emergencia sanitaria.
El gobierno japonés pidió cerrar las escuelas de todo el país e hizo un llamado para evitar las reuniones masivas debido a la epidemia del nuevo coronavirus. La liga japonesa de fútbol y la de béisbol cancelaron sus torneos y sólo el baloncesto, la natación y el sumo eligieron celebrar sus encuentros a puerta cerrada.
En el estadio Edison Arena de Osaka, con capacidad para 8.000 espectadores, sólo había el pasado sábado una docena de personal auxiliar de los luchadores, los jueces y los camarógrafos de la televisión nacional. El silencio del recinto le daba al evento un aire de ceremonia religiosa.
La imagen de los luchadores sudorosos en contacto físico total refleja de alguna manera el poco sentido de emergencia que se percibe en Japón. Los trenes transitan llenos de gente, los restaurantes, supermercados y bares funcionan y en los parques apenas se aconseja no consumir alimentos.
El país tiene menos de mil casos de contagio del COVID19 y solo realiza pruebas en casos extremos para no colapsar sus hospitales. Sin embargo, muchos observadores se preocupan de que Japón se pueda encontrar en el inicio de la curva de ascenso de los contagios y que lo peor esté por llegar.
A medio plazo preocupa que en el resto del mundo la pandemia avance, mientras se acercan los Juegos Olímpicos de Tokio que deberían empezar el 24 de julio. La ceremonia inaugural reuniría atletas y público provenientes de todo el mundo, una situación que dada la actual pandemia produce más temores que ilusión.
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