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El Pacto Mundial de las Migraciones, ratificado en Marrakech por unos 160 estados, es el primero que se firma en materia de movilidad de personas. Pese a no ser vinculante, ha suscitado críticas y rechazo en algunos países.
Reunidos en Marrakech, cerca de 160 países ratificaron este lunes 10 de diciembre el Pacto Mundial para la Migración de Naciones Unidas. Este texto, no vinculante, pretende enviar un mensaje mundial sobre los esfuerzos necesarios para ordenar y dar un marco de seguridad a los flujos migratorios.
El objetivo del pacto es intentar fijar una dirección para buscar soluciones a un problema que afecta a muchos países de manera diferente. En el caso del país anfitrión del encuentro, Marruecos, se trata de un país emisor, receptor y de paso de muchos migrantes.
Pese al fuerte compromiso que implica, el pacto es más bien una recomendación y no obliga en la toma de decisiones de cada país. Si bien el texto no es vinculante, ha generado rechazo en algunos países. Es el caso de Estados Unidos o naciones europeas como Austria, Hungría o República Checa, países gobernados bajo un discurso antiimigración, que junto a otra decena de países decidieron retirarse del pacto.
Entre los países que se han opuesto, hay dos latinoamericanos: República Dominicana y Chile. Su presidente, Sebastián Piñera, no defiende el acuerdo y pretende cerrar las puertas de su país a una parte de la migración. Sin embargo, estados como el español han apoyado e impulsado esta declaración de principios.
El Pacto Mundial para la Migración es el primero que se adopta en materia de movilidad de las personas en el mundo y pretende hacer frente a uno de los principales desafíos de la actualidad. Además, su ratificación coincidió con el 70 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Entrevistado: Xavier Aragall, experto en Migraciones en el Instituto Europeo del Mediterráneo.
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