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El cardiólogo argentino Juan Carlos Chachques advierte de los riesgos que comporta el consumo de medicamentos contra los síntomas del resfriado, vasoconstrictores que pueden producir infartos o embolias, después de que hayan sido retirados de las farmacias. Juan Carlos Chachques nació en Argentina en 1944 y estudió medicina en Rosario. Cuando la Junta Militar tomó el poder en 1976, fue secuestrado y pasó un mes aislado. Tras ser liberado, estudió biología y, al quedarse sin trabajo, vino becado a Francia. Así dio comienzo una nueva vida. “En Francia volví a ser residente, para sobrevivir hacía guardias cuatro noches a la semana en terapia intensiva porque mi pequeña beca no me alcanzaba para vivir, tenía dos hijos”, evoca el doctor Chachques. Su carrera, desde entonces, lo ha llevado a ser responsable de la sección técnicas quirúrgicas del Instituto de Investigaciones del Hospital Europeo Georges Pompidou, inaugurado en 2009. Antes, en los años ochenta, había desarrollado la técnica llamada “echarpe cardíaco”, un método que ha salvado miles de vidas. “Utilizando un músculo de la espalda ideé la manera de traspasarlo al interior del tórax por una ventana hecha entre las costillas, luego se enrolla el músculo alrededor del corazón. Diseñé también electrodos y marcapasos para estimularlo en sístole, lo cual es como una especie de masaje cardíaco”, explica Juan Carlos Chachques antes de precisar que esta técnica empezó a utilizarse en 1985 y que, desde entonces, se ha ido mejorando y ha despertado interés en todo el mundo, siendo motivo de unos 300 artículos en revistas científicas. Pese a la modernidad del laboratorio en que trabaja, la actividad como investigador no satisface plenamente a Juan Carlos Chachques. Y por eso, junto con dos otros cirujanos que fueron alumnos suyos en el Hospital Pompidou, ha creado una fundación para realizar misiones humanitarias, tanto para tratar a jóvenes que padecen tempranamente deficiencias cardíacas como para combatir enfermedades infecciosas. “Empezamos ocupándonos de poblaciones marginalizadas de Kenia, Tanzania, Jordania y los campos palestinos del Líbano. También hemos estado en Egipto, Siria, Marruecos, siempre trabajando con médicos locales. Pero tal vez las experiencias más interesantes sean las de Sudán y Bosnia. En Sudán tomé la dirección de un hospital móvil dedicado a tratar la tuberculosis, la lepra, el sida y la desnutrición. La gran enfermedad es el hambre”, concluye este cirujano e investigador que no ha olvidado el carácter social de la medicina. |