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Doce años después del inicio de la guerra civil, vuelven a surgir en Siria movimientos de protesta contra el régimen de Bachar Al Asad. Varias ciudades, en especial en sur del país, se movilizan para denunciar una situación económica asfixiante y salen a las calles poblaciones que durante años se mantuvieron al margen de la guerra. Entrevistamos a Ignacio Álvarez-Ossorio, catedrático de Estudios Árabes en la Universidad Complutense de Madrid. RFI: La provincia siria de As Suwayda, en el sur del país, está concentrando un movimiento de protestas desde mediados de agosto. Nos recuerda de cierto modo los principios de levantamiento de 2011. ¿Cómo se originaron estas protestas y por qué se concentran en esa región? Ignacio Álvarez-Ossorio: Tiene mucho que ver con la situación de colapso económico que atraviesa el país. También tiene derivaciones políticas. Los manifestantes están pidiendo la liberación de los presos políticos, de las cárceles del régimen y la caída del presidente Bashar Al Asad, al que consideran responsable de la situación de colapso económico. RFI: ¿Cómo se está viviendo esta situación económica y de pobreza actualmente? Ignacio Álvarez-Ossorio: La situación ha llegado a un punto de no retorno. Nos encontramos con un país con una crisis rampante. En términos económicos, la inflación no deja de crecer. También el desempleo. A ello tenemos que añadirle los efectos tan nocivos que está teniendo la sequía en buena parte del país y especialmente en las zonas del sur, como As Suwayda. Esa falta de agua además se traduce en falta de electricidad, porque buena parte de la electricidad que produce el país se produce en las represas del norte. Entonces los sirios están acostumbrados a vivir con dos o tres horas de electricidad máxima durante el día y con una falta de recursos notable. La lira siria no ha dejado de perder peso frente al dólar. Hoy en día el cambio está en un dólar 15.000 liras, cuando al principio de la guerra era un dólar 50 liras. RFI: Siempre se ha visto el norte del país, como la región que acoge la oposición y la resistencia a Bashar Al Asad desde hace 12 años. ¿¿Por qué de repente esta localidad drusa del sur se ha vuelto el epicentro de las protestas? Ignacio Álvarez-Ossorio: En realidad las protestas están afectando prácticamente a todo el país, incluso feudos tradicionales del régimen en la zona mediterránea costera. También está afectando a zonas como Alepo, como Daraa, que están bajo el control de régimen. As Suwayda es una zona de mayoría drusa. Los drusos representan cerca del 3% de la población siria y tradicionalmente se habían mantenido al margen de las protestas. Protestan precisamente por esa situación límite de crisis económica. Es una ciudad, una zona eminentemente agrícola, de pobreza extrema. El 90% de la población siria está viviendo en situación de pobreza, de desnutrición, de reaparición, de enfermedades erradicadas como el cólera. Se está creando una especie de tormenta perfecta. No olvidemos los efectos del terremoto que tuvo lugar en el mes de febrero, con importantes pérdidas económicas y humanas en el norte del país. El gobierno es incapaz de presentar una respuesta, entre otras cosas porque depende de la ayuda que le prestan sus dos aliados internacionales: Rusia e Irán. Éstos tienen a su vez una situación muy complicada, a nivel interno, con crisis sociales, y con intervenciones militares fuera de sus fronteras. No disponen de los recursos que tenían en el pasado para financiar a ese régimen sirio que es ampliamente contestado no solo por los sectores de la oposición tradicional, sino incluso de por sus propios leales, que están viendo como la situación es dramática y como el gobierno es incapaz de responder a esa situación de emergencia. RFI: Esa zona drusa se ha mantenido apartada de todo lo que ha sido el levantamiento y la guerra civil desde 2011. ¿Cómo ha mantenido justamente su aislamiento? Ya que no ha participado de forma activa en la resistencia y tampoco ha sido reprimido de forma activa por el régimen. Ignacio Álvarez-Ossorio: Las montañas drusas tradicionalmente han sido leales al régimen. De hecho, hubo destacados drusos que tomaron parte en la revolución baasista que llevó a los Al Asad al poder. Tradicionalmente el régimen se ha presentado como un defensor de las minorías. Con la irrupción de la revolución siria, a partir del año 2011, los drusos empiezan a ser objeto de atentados, sobre todo por parte del autodenominado Estado Islámico que ve en esta secta heterodoxa del chiismo una rama que hay que combatir y el régimen es incapaz de prestarle la ayuda necesaria. Aquí empieza un poco a cundir el desafecto, el malestar de esta zona que se considera abandonada a su suerte por el gobierno. Ese malestar va creciendo hasta la actualidad, no solo por motivos económicos, sino también políticos de alguna manera. Las manifestaciones se están generalizando en el conjunto del país, pero esta zona está tomando la delantera a otras regiones donde se están registrando manifestaciones, pero no de la misma intensidad. RFI: Este movimiento de protesta se está dando en varios puntos del país. ¿Qué respuesta ha dado el régimen Al Asad, que históricamente ha usado la represión como primera respuesta a toda crítica? Ignacio Álvarez-Ossorio: Por ahora no está apostando por la represión armada. Debemos de tener en cuenta que se trata de un régimen exhausto después de 12 años de conflicto, y que también tiene que hacer frente a los rebeldes que dominan la zona de Idlib, en el norte. Es ahí donde focaliza las acciones militares. No está interesado en la apertura de nuevos frentes y de nuevas zonas de conflicto. Esto significaría que tendría que traer más esfuerzos militares. Hay que tener en cuenta además que el régimen apuesta por una normalización de relaciones con los países árabes. Se dio un paso significativo en la pasada Cumbre árabe de Yeda, cuando por primera vez Bashar Al Asad fue recibido por sus pares árabes y confiaba de alguna manera en que esa normalizara progresiva de relaciones con el entorno árabe contribuyera a paliar los efectos de la crisis económica. Esa normalización no está yendo como esperaba, no está atrayendo inversiones árabes y por lo tanto la situación se complica en el día a día por la crisis económica, por la falta de apoyos internacionales y por las sanciones impuestas por Estados Unidos. Quizás estas movilizaciones podrían no conseguir lo que no consiguieron en los 12 años de conflicto: un alzamiento generalizado en el conjunto del país que ponga en tela de juicio el mantenimiento en el poder del presidente Bashar Al-Asad. RFI: En el conjunto del país, ¿incluidas zonas que históricamente han sido leales al gobierno o zonas alauíes? Ignacio Álvarez-Ossorio: Sí, ya está viendo muchas manifestaciones en la franja costera, en ciudades como Latakia o Jableh, que son feudos tradicionales alauíes. Incluso se tiene constancia de que en las últimas semanas también ha habido movilizaciones importantes en el entorno de Damasco, en la ciudad de Jaramana, que a solo 10 kilómetros de la capital y que está completamente blindada por el ejército sirio. Hay manifestaciones en Alepo, en los barrios que habían permanecido leales La desafección afecta al conjunto de los sirios que quedan en el país, unos 17 millones, porque hemos de recordar que otros 7 millones son refugiados que han tenido que salir del país por causas políticas y que viven en los países del entorno. RFI: ¿A raíz de esto se podría ver resurgir una nueva guerra civil en Siria? Ignacio Álvarez-Ossorio: Los activistas que han convocado las manifestaciones As Suwayda y en otras ciudades drusas están apostando por la vía pacífica. No quieren dar pretextos para que el régimen reprima violentamente esas manifestaciones y en todos los casos se está apostando por mantener la resistencia civil pacífica. |