Hace falta hablar de amapola, con Juan Camilo Pantoja
La amapola, sus derivados y su uso para fines recreativos, científicos y medicinales no ha tenido el espacio y los debates que merece, a diferencia de lo ocurrido con el cannabis; a pesar de que su discusión es un tema urgente en México, no sólo porque es medular para entender y plantar soluciones que resuelvan la violencia generalizada que existe en el país, también es fundamental para resolver los problemas económicos de miles de productores; y porque sus derivados legales pueden ayudar a mitigar el sufrimiento de miles de personas que necesitan opiáceos, pero no tienen un fácil acceso a ellos en América Latina.
Olga Sánchez Cordero sugirió hace 2 semanas despenalizar el uso recreativo de la marihuana y la amapola para “pacificar” el país. La Casa Blanca se opone a la ideahttps://t.co/nBAmgR6NZK pic.twitter.com/UKWMXawVnK
— Sin Embargo MX (@SinEmbargoMX) July 18, 2018
Entre 2014 y 2015, la Oficina de la Organización de las Naciones Unidas para las Drogas y el Delito (UNODC) estimó que en todo México se cultivaron más de 26 mil hectáreas de amapola, el tercer país después de Afganistán y Myanmar con mayor producción del mundo, cuya cantidad termina dedicándose principalmente a la elaboración de heroína por cárteles de narcotráfico y ha generado todo tipo de problemas y miles de víctimas, desde los campesinos dedicados a cultivar la flor, hasta las personas que han tenido que acudir al mercado ilegal de opiáceos para aliviar ciertos padecimientos médicos.
La regulación de la producción de amapola es un tema que abarca muchas vertientes, no sólo los relacionados con la violencia, inseguridad y el crimen organizado, sino con el déficit de opiáceos para uso médico que sufre América Latina, algo que suele olvidarse en el imaginario que rodea a la planta. En el caso mexicano, básicamente son tres factores los que obstaculizan un adecuado abastecimiento de estos medicamentos:
- La complejidad de los procedimientos legales y administrativos para la obtención de estos medicamentos.
- La pobre información de los profesionales de la salud pública que limita la prescripción y distribución.
- La resistencia de la comunidad médica para usar como opción de tratamiento los medicamentos derivados del opio.
Congreso de Guerrero envía iniciativa a la Comisión Permanente para legalizar amapola con fines medicinales https://t.co/zIRVYlxh34
— Proceso (@revistaproceso) August 23, 2018
En este episodio de El 4o. Amparo, Ruzo y Zara conversan con Juan Camilo Pantoja, especialista en temas de violencia criminal y política, sobre la necesidad de discutir un cambio a la política prohibicionista de la amapola, empezando por la opción de regular el cultivo con fines científicos y medicinales; sobre el problema de la producción de derivados ilegales, la disminución del precio de la amapola debido al auge de otras sustancias como el fentanilo, que afecta la economía y seguridad de los campesinos mexicanos; la posibilidad de otro tipo de cultivos subsidiado por el gobierno; y la epidemia de dolor crónico en América Latina que urge a encontrar maneras diferentes a la importación de opiáceos.
Juan Camilo Pantoja
Es historiador y politólogo, enfocado en temas de violencia criminal y política. Maestro en ciencia política por El Colegio de México e historiador por la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá. Actualmente es estudiante del doctorado en historia en El Colegio de México. Su línea de trabajo está relacionada con las consecuencias de la violencia tanto política como criminal en los procesos de construcción de estado tanto al nivel nacional como subnacional. En los últimos años ha publicado diversos trabajos sobre la violencia criminal en Guerrero y las estrategias que desde la sociedad civil y las instituciones gubernamentales se han propuesto o implementado para reducir la violencia en el estado.


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