Saca tus prejuicios de mis leyes
Este episodio lo dedicamos (una vez más) a un tema que a pesar de su importancia es prácticamente invisible: las personas con discapacidad psicosocial.
Sí, resulta que en México, como en una gran parte de los países del mundo, existen muchos prejuicios y desinformación respecto a lo que significa la Salud Mental. Es el típico asunto que causa gracia, chistes y hasta burlas… pero que detrás deja una larga lista de problemas: exclusión social, aislamiento, marginación, discriminación, estigmatización.
Con nuestros invitados: Norma González y Víctor Lizama (@lizamazil) de Documenta (@Documenta_AC ) le entramos a este tema con ganas de aprender, entender y de paso reír un poco, y discutimos:
Cómo esta situación de desinformación impacta en la forma en la que se diseñan las instituciones y hasta en las propuestas que se hacen en el Congreso.
Precisamente por eso es que activistas, personas con discapacidad y estudiosos de estos temas han elaborada una respuesta a la forma tradicional en la que se han considerado “enfermedades mentales”. Así surge la Salud Mental con Enfoque de Derechos Humanos.
¿La qué? Sí. La Salud Mental con Enfoque de Derechos Humanos. ¿Y eso qué es?
Aquí, en Derecho Remix vimos que es un cambio en la forma en la que entendemos nuestro entorno y a personas que nos rodean.
Urge dejar atrás el enfoque centrado en el individuo, con una guía principal de la dimensión médica (con poca asistencia de otras disciplinas), que considera que se trata de problemas, que hay que ayudar a las personas a recuperar la normalidad y que afecta o disminuye su autonomía.
Y como siempre, también hablamos de libros, de investigaciones y otros materiales.

¿Cómo andan nuestras leyes en el tema? Mal, y para colmo legislando para peor:
Ya se han presentado dos iniciativas de Ley sobre el tema, y ambas están bastante malitas. Una, por la diputada Amparano Gámez -la Ley Nacional de Salud Mental-, la otra de la diputada Sánchez Arredondo -la Ley General del Sistema Nacional contra las Adicciones-.
Frente a ellas un grupo amplio de organizaciones han insistido en que no promueven un modelo de atención a la salud mental basado en el respeto a los derechos humanos y reproducen un paradigma médico que nuevamente invisibiliza y aísla a las personas con discapacidad y a los usuarios de sustancias psicoactivas al poner en entredicho sus derechos al consentimiento informado y a la capacidad jurídica.
Las organizaciones señalan que -además- el modelo propuesto hace referencias indebidas al derecho penal, realizando alusiones a tipos penales y proponiendo plazos de privación de la libertad que no deben estar relacionados al ámbito de la salud.
Se necesitan esfuerzos que visibilicen la vulneración de derechos de las personas con discapacidad psicosocial y usuarios de sustancias psicoactivas y que contribuyan a erradicar el estigma y los estereotipos que existen para lograr su inclusión plena y efectiva en la sociedad.
Las organizaciones mantienen la convicción de que los servicios de salud mental deben ser ofrecidos a la generalidad de la población y no restringirlos bajo un criterio patologizador y/o criminalizador.
Como en tantos otros temas, es necesario promover la creación de espacios de análisis y discusión que cuenten con la participación de las personas con discapacidad, personas que usan drogas, sociedad civil, academia y expertos nacionales e internacionales. ante la Ley Nacional de Salud Mental
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Pero los retrocesos no suceden sólo en México, en Argentina también un centenar de organizaciones denuncian problemas similares.
Allá acusan que una reforma a través de un decreto reglamentario trata de modificar los postulados centrales de la Ley Nacional de Salud Mental. Las similitudes llaman mucho la atención, allá los puntos más preocupantes son:
Modificar la concepción de la salud mental como un proceso multideterminado por componentes históricos, socio económicos, culturales, biológicos y psicológicos, y reinstalar el modelo médico hegemónico de perspectiva biologicista que resultó insuficiente para un tratamiento integral de los padecimientos mentales. Esta mirada habilita exclusivamente las “prácticas fundadas en evidencia científica” y excluye los aportes de disciplinas imprescindibles para la rehabilitación del padecimiento mental, como la terapia ocupacional, la musicoterapia, el arte, la enfermería, la psicología, los acompañamientos terapéuticos y el trabajo social, entre otras.
Reinstalar el manicomio bajo el nombre de “hospitales especializados en psiquiatría y salud mental” y admite el aislamiento pleno de personas a quienes vuelve a considerar “enfermos” como un tratamiento regido por el “arte médico”. De igual modo, habilitar tratamientos en comunidades cerradas para las personas con consumo de drogas. En la misma línea, a la hora de determinar una internación compulsiva, sustituye el requisito de inminencia del daño para sí o para terceros y reinstala el concepto de peligrosidad ya que permite una evaluación basada en riesgos potenciales.

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