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Un nuevo estudio liderado por el Institut de Ciències del Mar del CSIC en Barcelona y la Universidad de Birmingham en Reino Unido ha desvelado que el deshielo de la Antártida refuerza la formación de aerosoles en la atmósfera, favoreciendo a su vez la formación de nubes en verano, lo que podría ayudar a reducir la radiación solar que recibe la región y tener importantes consecuencias en el clima. Las nubes juegan un papel clave en la regulación de la temperatura del planeta, ya que reflejan y filtran la radiación solar y, sin ellas, el clima sería mucho más cálido. Sin embargo, en la actualidad se sabe muy poco sobre cómo se forman, y esto limita la precisión de las proyecciones climáticas. Lo que sí se sabe es que la formación de nubes requiere la presencia de pequeñas partículas atmosféricas llamadas aerosoles que permiten que el agua se condense y se formen gotas. Muchos de estos aerosoles provienen de la actividad humana, pero en las regiones remotas del planeta se originan mayoritariamente en procesos naturales como el levantamiento, a causa del viento, de sal marina y gases de origen biológico en el océano. En la actualidad, la Antártida está experimentando un cambio climático drástico que es difícil de predecir, entre otras razones, porque existe un gran desconocimiento sobre las consecuencias que tendrán los cambios en el ecosistema sobre la formación de aerosoles y nubes. Los modelos climáticos actuales subestiman la abundancia de nubes sobre el océano Antártico y, por lo tanto, sobreestiman la radiación solar que llega a esas aguas frías. Por ello, la publicación de estudios como éste es clave para mejorar las proyecciones futuras.
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