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Estamos en un momento estupendo para asistir a una de las floraciones del cerezo más espectaculares de Castilla y León: la que tiene lugar en el valle burgalés de Las Caderechas. PISTAS es una colaboración del blog de viajes SIEMPRE DE PASO en el programa "Aquí en la Onda" de Onda Cero Castilla y León. No dejes de consultar lo que sobre esta propuesta he publicado en el blog: https://www.siempredepaso.es/que-ver-en-el-valle-de-las-caderechas-burgos/
La floración del cerezo es una de las floraciones más espectaculares que podemos contemplar en la naturaleza, especialmente por la intensidad con la que se produce. Una intensidad que tiene que ver, a su vez, con el considerable tamaño de las flores y también porque al producirse en grandes extensiones de cultivo dedicados a estos árboles produce la sensación de que un gigantesco manto blanco ha cubierto las laderas de las montañas o los valles en los que se cultivan los cerezos. Sin duda, es todo un reclamo que invita a miles de viajeros cada año a acercarse a fotografiar y disfrutar del espectáculo que proporciona esta floración.
Y ya hemos hablado aquí en alguna ocasión de la floración de cerezos más famosa de España, que tiene lugar en el Jerte, en la provincia de Cáceres. Pero hoy quería invitar a conocer un rincón de Castilla y León donde la floración de los cerezos no tiene nada que envidiar a la cacereña: es la que se produce en el valle burgalés de Las Caderechas, un rincón de la provincia de Burgos especialmente bello que está viviendo precisamente ahora los últimos días de una floración que, como digo, resulta tan espectacular como la que se produce en el valle del Jerte.
Localizamos el valle de Las Caderechas en un apartado rincón del extremo noroccidental de la comarca burgalesa de La Bureba. Encajonado entre los cantiles que lo separan del resto de La Bureba y lo aíslan del colindante páramo de Masa, este valle, formado en la unión de otros estrechos valles menores, presenta una serie de singularidades entre las que destaca su particular microclima, al rebufo de los vientos hostiles que asolan el páramo. Un microclima que resulta evidente tanto a la vista de la vegetación predominante en el paisaje, con extensas manchas pinariegas de aires mediterráneos, como por la temperatura, siempre algo más benigna que en el entorno inmediato, y que se percibe en cualquier paseo que se emprenda. Fruto de ese microclima benigno es el extendido cultivo de cerezas y manzanas reineta, con afamadas producciones muy bien conocidas en muchas regiones de España, y cuya calidad está amparada por sus respectivas Marcas de Garantía y por una larga tradición hortofrutícola que aparece mencionada ya en documentos del año 1032 guardados en el monasterio de San Salvador de Oña. Y todo ello salpimentado por una larga ristra de hermosos pueblos pintorescos que, tal vez por esa condición de valle aislado y a desmano, amén de otras consecuencias poblacionales más dolorosas, ha logrado preservar una arquitectura tradicional que perdura en perfecta armonía con el entorno.
Se trata en realidad de un conjunto de pequeños valles pero enclavados en una zona de gran riqueza paisajística a la que podemos dedicar sin problemas un fin de semana.
Una de las formas de acceder a esta hoya natural tan especial es hacerlo desde la localidad de Salas de Bureba. Enseguida, a medida que nos introducimos en el valle, vamos a ir percibiendo cómo el paisaje sufre una clara transformación que se hace de lo más evidente en la vegetación, con grandes manchas de bosques de pino, quejigos y encinas y con grandes extensiones de terreno dedicados a cerezos y manzanos. Se estima que en el Valle de Caderechas se cultivan unos 50.000 cerezos que son los que vamos a encontrar en estos días en plena floración.
Por esta carretera el primer pueblo al que llegamos es Aguas Cándidas, que ya nos da pistas con su nombre sobre una de las cosas de las que más presume, el conjunto de manantiales de aguas cristalinas que bajan a aumentar el arroyo de Vadillo. Desde esta localidad, que al igual que el resto de poblaciones del valle de Las Caderechas presume de una arquitectura tradicional bien conservada, con grandes caserones y muchos escudos nobiliarios en las fachadas, podemos tomar la estrecha carretera que nos lleva hasta Padrones de Bureba para disfrutar de uno de los rincones más apartados del valle.
Después, de vuelta a la localidad de Aguas Cándidas, podemos proseguir el recorrido por el valle hasta Hozabejas e iniciar aquí el circuito que nos va a llevar por el contorno del valle enlazando consecutivamente algunas de sus localidades más representativas: Rucandio, Madrid de Caderechas, Herrera, Quintanaopio, Río Quintanilla y, de nuevo, Aguas Cándidas.
Se trata de un circuito que discurre por carreteras estrechas y en las que, por supuesto, además de disfrutar de las hermosas panorámicas de las laderas del valle cubiertas de cerezos en flor, sobre todo en el tramo que discurre por la parte alta de este cuenco natural, habrá que prestar mucha atención a la carretera y a la posibilidad de encontrarnos con otros coche de frente. También hay que pedir, por supuesto, el máximo respeto para los habitantes del valle a la hora de dejar aparcados nuestros vehículos en sitios donde no estorben o puedan impedir el paso de los vecinos, que reciben con los brazos abiertos a quienes les visitan pero que también viven con cierta incomodidad el trasiego que se prepara cuando acuden muchos visitantes de golpe.
Y, por supuesto, una cosa en la que insisten quienes viven allí es en que se disfrute del espectáculo de los cerezos pero sin entrar en los campos de cultivo para hacerse fotos o caer en la tentación de arrancar los brotes de flores, por pequeños que sean.
Por supuesto, nos vamos a encontrar con varias posibilidades de realizar paseos por este entorno. Tal vez una de las más llamativas es la que lleva por título la Ruta de los Duendes, que discurre por el antiguo camino que comunicaba Herrera con el valle de Valdivielso. Se trata de un paseo señalizado, de unos 8 kilómetros, que llama la atención porque todo el recorrido se encuentra salpicado por una serie de propuestas artísticas muy imaginativas, entre las que destaca el centenar de árboles a los que se ha vestido con distintos prendas de ganchillo de colores llamativos y que forman el núcleo del Bosque de los Duendes. Se trata de un paseo con algo de desnivel pero que puede resultar muy entretenido para realizar con niños, por ejemplo. |