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Esta semana viajamos hasta una de las Vías Verdes más espectaculares de la Península: La Senda del Oso y te contamos su historia y cómo organizar un recorrido por alguno de sus tramos.
PISTAS es una colaboración del blog de viajes SIEMPRE DE PASO en el programa "Aquí en la Onda" de Onda Cero Castilla y León. No dejes de consultar lo que sobre esta propuesta he publicado en el blog: https://www.siempredepaso.es/via-verde-de-la-senda-del-oso-asturias/
En general, las Vías Verdes siempre son una buena opción para ponerte en contacto con la naturaleza porque, ya sabes que una de sus características esenciales es que apenas tienen desniveles y suelen estar muy bien acondicionadas, pero en este caso concreto es que, además, discurre por una serie de parajes que son muy espectaculares. Me estoy refiriendo en concreto a la Vía Verde de la Senda del Oso que, como digo, la localizamos en Asturias atravesando los cuatro valles que conforman la Mancomunidad Valles del Oso.
Muchos de los trazados que más tarde han acabado convertidos en Vías Verdes son antiguos ferrocarriles mineros que con el declive de la minería que se produjo a mediados del siglo XX acabaron desmantelándose y luego han sido felizmente recuperados como estupendos trazados para recorrer a pie o en bicicleta.
Este, en concreto, fue un ferrocarril minero que sacaba el carbón de los valles asturianos de Teverga, Quirós y el valle del río Trubia para acercarlo primero hasta la localidad de Trubia, más al norte, y desde allí hacerlo llegar a Oviedo, Gijón o Avilés. Ese trajín ferroviario minero dio comienzo en 1883, momento de inauguración de la línea, y duró hasta 1963 en que se apagan las máquinas de vapor y se achatarran vías e infraestructuras.
Estamos hablando de un trazado con dos ramales que discurrían por lo más profundo de unos valles muy estrechos y escarpados, prácticamente unos desfiladeros, con lo que las dificultades orográficas de ambos trayectos supusieron un desafío para los ingenieros, que se las vieron y se las desearon para robar a las angosturas del valle abierto por el río Trubia un estrecho carril que permitiera el paso del tren. De hecho, había tan poco sitio en algunos puntos que la única forma de hacer que pudieran discurrir tanto el río como el tren por el mismo pasillo natural fue a base de realizar túneles en las paredes de los desfiladeros para colocar en su interior las vías del tren. Como digo, todo un reto para los ingenieros que tuvieron que horadar directamente la roca a fuerza de voladuras. Solamente el tramo entre Entrago y las angosturas del desfiladero de Peñas Juntas, algo más de 10 kilómetros, acumula hasta 18 túneles. Puestos todos juntos suman un total de 703 metros bajo tierra. El más largo de ellos con una longitud de 172 metros. Y, precisamente, en estrechamientos tan severos como el que tiene lugar en Peña Juntas -el nombre ya da una pista bastante buena de cómo es ese lugar-, la sucesión de túneles y la cornisa de roca sobre la que se colocaron finalmente las vías configuran hoy uno de los tramos más atractivos de todo el recorrido.
La espectacularidad del conjunto de infraestructuras que conforman la Vía de Verde de la Senda del Oso es tal que se ha convertido en uno de los reclamos de turismo activo más populares del Principado.
Además, es una de las Vías Verdes pioneras en España es una de las más populares. Otro apunte curioso sobre este ferrocarril es que, dadas las estrecheces de los lugares por los que pasaba, fue el primero en España en adoptar un ancho de vía de tan solo 75 centímetros.
Cuando se produjo la paralización total de las explotaciones mineras coincidió con el momento en el que se comenzaban a reconvertir los antiguos trazados ferroviarios españoles en privilegiados itinerarios pedestres. La adecuación de un primer tramo de esta vía verde ya en desuso se produjo entre 1995 y 1996.
Y es en ese año, en 1996, cuando la historia de este trazado ferroviario se cruzó con la de dos oseznas huérfanas que acabaron siendo conocidas como Paca y Tola, y que cambiaron para siempre la historia -y el nombre- del valle del Trubia.
La historia de las oseznas había comenzado un poco antes, en 1989, cuando el ansia de un cazador furtivo por cobrarse la fantástica piel de un oso pardo adulto había fulminado de un tiro a su madre. Huérfanas, las dos cachorras acabaron encerradas en un cercado hasta que por mediación de un denunciante anónimo fueron a parar a manos del FAPAS -Fondo para la Protección de los Animales Salvajes-. El interés por sacar adelante estos dos cachorros de una especie que ya en aquel entonces estaba muy seriamente amenazada de extinción hizo que, tras diversos avatares, las dos oseznas -Paca y Tola- fueran colocadas en un cercado osero que se acaba de construir en el concejo de Santo Adriano, justo a lado de la recién rehabilitada vía verde del viejo ferrocarril minero.
En aquel momento se convirtieron en todo un símbolo de la lucha contra el furtivismo. También en un emblema de la recuperación de una especie que estaba al borde mismo de la extinción. El interés por ver de cerca a estos dos cachorros fue tal, que a fuerza de aparecer en telediarios y reportajes se convirtieron en un reclamo turístico de tal calibre que tanto a la vía verde como a la mancomunidad formada por los concejos de Teverga, Quirós, Proaza y Santo Adriano no les quedó otra que pasar a ser conocidos desde entonces como los Valles del Oso y la vía verde de la Senda del Oso. Desde ese momento, y a pesar del tiempo transcurrido, cada año miles de personas -hay años que hasta 150 mil- se acercan por la zona para disfrutar de unos atractivos turísticos que, al igual que Paca y Tola, han ido creciendo con los años.
Contemplar a estas dos osas, ya adultas y no exentas de achaques, junto a Furaco, un macho con el que se ha pretendido la reproducción en cautividad, es uno de los mayores atractivos turísticos de la mancomunidad, aunque disfrutar de sus evoluciones en el interior del cercado osero, que tiene 5 hectáreas de extensión, depende bastante de la casualidad.
Excepto entre los meses de diciembre y marzo, que es cuando hibernan, la cita más concurrida es todos los días a las 12 del mediodía, momento en el que reciben la comida de sus cuidadores a la vista del público. Y la forma de hacerlo es asomarse al cercado desde su parte trasera. Es decir, la que linda con la vía verde de la Senda del Oso. Se puede acceder andando o en bici desde Proaza -un kilómetro- o desde el área recreativa de Buyera -500 metros-.
Nada mejor que buscar el vídeo y el reportaje que está publicado en el blog SIEMPREDEPASO.ES, donde además de ver con detenimiento por dónde discurre el trazado de la vía y cuáles son los tramos más espectaculares, se puede buscar y reservar directamente el alojamiento que más nos interese. En cualquier caso, mi recomendación sería la de realizar, al menos, el tramo entre Entrago y Proaza, que acompaña el discurrir del río Teverga, primero, y el Trubia, después, que es el de mayor espectacularidad. Con un gran número de pequeños túneles y puentes discurre por parajes de enorme belleza siendo el estrechamiento de Peñas Juntas uno de los más destacados. Son 14 kilómetros en total que a pie pueden hacerse en unas 3 horas. Otra forma estupenda que disfrutar de la vía es alquilar bicicletas en alguna de las empresas que encontramos todo a lo largo del recorrido. En Proaza es posible visitar la Casa del Oso, que, como hemos dicho, además de gestionar el programa de conservación del cerco osero ofrece una completa muestra interpretativa sobre este plantígrado. |