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Podcast: PISTAS
Episode:

Berlanga de Duero * Guía de Viaje 11/5/17

Category: Society & Culture
Duration: 00:07:55
Publish Date: 2017-05-11 14:16:43
Description: Hoy nos acercamos hasta Berlanga de Duero, una localidad con sus murallas, su castillo en alto y su enorme colegiata, que parece plantada en el paisaje como si estuviera compuesta para rodar en ella una película del Cid PISTAS es una colaboración del blog de viajes SIEMPRE DE PASO en el programa "Aquí en la Onda" de Onda Cero Castilla y León. No dejes de consultar lo que sobre esta propuesta he publicado en el blog: https://www.siempredepaso.es/una-visita-a-berlanga-de-duero-soria/ El Duero es un río mágico, largo y con una historia tan densa que apenas le cabe entre sus dos orillas. En realidad, el Duero es como un largo hilo irrompible al que, entre guerras y riadas, le hubieran ido brotando perlas todo a lo largo. Desde las faldas del Urbión hasta el mismísimo Atlántico, casi todas las poblaciones que se miran en sus aguas tienen hermosos rincones de aires medievales y mucha Reconquista a cuestas. Una de esas poblaciones recoquetas, de soportal y castillo, de escudos señoriales y picota memorable, de palacetes por doquier, templo como dios manda y plaza Mayor a la antigua usanza es Berlanga de Duero. Una perla junto al Duero para pasearla sin prisa. A Berlanga le pasó que el Duero se convirtió bien pronto en su mejor razón para existir. También el río Escalote, que labra tras el castillo un foso tan profundo que en su fondo apenas se proyecta el sol. Durante casi 200 años, entre los siglos X y XI, el Duero y las franjas ribereñas de ambos lados se convirtieron en un tablero de ajedrez sobre el que cayó más sangre que agua. A lo largo de esos dos siglos y en ese espacio fronterizo, en el que Berlanga tuvo un papel preponderante, el Duero dibujó sobre los campos y los mapas la línea a conquistar: para los reinos cristianos fue la marca que debían de saltar hacia el sur para recuperar lo que consideraban perdido; y la Marca Media, como denominaba el Al-Ándalus a una frontera que aspiraba con dejar atrás en su avance hacia el norte. Esa es la razón por la que Berlanga se hizo y se deshizo tantas veces que al final nadie llevó la cuenta. También es el motivo de que su castillo acabara construyéndose en el lugar más difícil de tomar por las bravas: sobre una estrecha meseta rocosa en la que el río Escalote ejerce de foso natural y con las vistas privilegiadas que permitían no dejarse coger por sorpresa. Desde ese cerro enriscado se divisa, entre otras muchas cosas, la silueta imponente de Gormaz, la que fuera en su tiempo la mayor fortaleza califal de Europa. Dicen las crónicas que, entre tanta refriega, por él pasaron figuras de la talla de Almanzor. O Fernando I, que en 1060 entró a saco para quedárselo. En 1080 fue Alfonso VI quien entregó la defensa del castillo y de la villa de Berlanga al mismísimo Cid Campeador por "juro de heredad", o sea, con la condición de no poder venderla o darla a cambio. Al final, fue Alfonso I de Aragón quien la gana y la repuebla definitivamente, de manera que tras dejar atrás el periodo en el que Berlanga estuvo en la frontera del norte y el sur, volvió a quedar en posición fronteriza, pero esta vez entre los reinos de Castilla y Aragón. Después de tanto traqueteo hubo que recomponer la fortaleza en el siglo XV, amansadas ya las aguas de los embates más feroces, y ya en tiempos de los nuevos señores de la villa, que era la familia Tovar. Y aunque no todos están de acuerdo, parece ser que aquellas obras de remodelación se alargaron más allá de los 100 años. Tanto, que acabaron mezclándose con las de la construcción del palacio señorial que proyectaron al pie de la misma colina. Y hasta tal punto, que hay quien asegura que si el castillo no llegó a remodelarse por completo fue debido a que el interés de los nuevos propietarios estaba ya mucho más por las construcciones palaciegas suntuosas que en acabar un castillo tocho, puede que con muy buenas defensas pero en el que las corrientes de aire resultaban más difíciles de burlar que en un palacio moderno y de nueva construcción. La edad de oro de esta villa llegó en el siglo XVI tras la entrega por parte de Carlos V del castillo, villa y territorio con título de marquesado a la familia de los Tovar en recompensa a los favores prestados durante la Guerra de las Comunidades. La posterior fusión de este linaje con la sangre de los Velasco, a la sazón, Condestables de Castilla, hizo de Berlanga un polo de atracción al que se arrimaron nobles, hidalgos y aspirantes a ambas cosas, razón de ser de tanto escudo como menudea aún sobre las fachadas de muchas casas. Lo primero que podemos hacer es acercarnos, precisamente, hasta la Oficina de Turismo que encontramos ubicada en el Torreón del palacio del que hemos estado hablando. El palacio ducal del que cuentan las crónicas que fue un fantástico exponente de arquitectura renacentista palaciega y que estuvo rodeado de unos maravillosos jardines renacentistas que, aterrazados desde la plaza hasta el castillo, cubrían toda la ladera salpicados de fuentes, baños y ornamentos. Todo ello regado por un ingenioso acueducto, de posible origen árabe y del que aún quedan restos visibles, que subía el agua desde el río Escalote para repartirla por todo el complejo. Tras ser saqueado y destruido por completo durante la Guerra de la Independencia hoy solo queda la enorme fachada principal y una de sus Torres, en la que vamos a encontrar la Oficina de Turismo y donde nos van a orientar sobre cómo organizar mejor la visita a todos los atractivos que encierra Berlanga. Entre los lugares que no deberíamos dejar de visitar están, por supuesto, el castillo, que merece la pena visitar por dentro, pero que si no tenemos ocasión al menos merece la pena subir hasta él para disfrutar de las vistas que ofrece tanto de la villa como de todos los alrededores. Su impresionante talla monumental es otro de los empeños de los Condestables por evidenciar poder y riqueza. El edificio navega entre un gótico tardío y un pujante renacentismo, de poderosas columnas, un bello retablo barroco y quince capillas, cada una de ellas auténticos museos repletos de obras de arte. Anecdótica, aunque siempre citada, es la presencia, a la entrada, del famoso ardacho, un caimán disecado y relleno de paja que fue traído de las islas Galápagos por el obispo de Panamá, fray Tomás de Berlanga, como un souvenir exótico. Hay que decir que fray Tomás de Berlanga es el vecino más ilustre de la localidad. Fue un dominico viajero al que unas corrientes convirtieron en descubridor accidental de las islas Galápagos y que llegó a ser obispo de Panamá. Menos conocido es que a él se debe la introducción del plátano africano en América, un cultivo fundamental para la historia del continente, que arrancó, precisamente, con unas semillas escogidas por él en las islas Canarias. Además del callejeo por la localidad, en el que destaca también la estructura de su plaza mayor, yo dejaría tiempo para acercarme hasta la ermita de San Baudelio de Berlanga. Una pequeña ermita mozárabe de finales del siglo XI que, con una sorprendente columna interior en forma de palmera, es uno de los edificios más singulares y originales de toda la provincia de Soria. Anotamos en nuestro cuaderno viajero esta propuesta para acercarnos a disfrutar de la estampa medieval de Berlanga de Duero, no sin antes, como siempre, consultar con detalle todos los datos prácticos necesarios o incluso reservar el alojamiento en el blog de viajes SIEMPREDEPASO.ES.
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