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Hoy hablamos del geoparque de Las Loras y su reciente incorporación a la lista mundial de geoparques de la UNESCO. También invitamos a recorrer uno de sus puntos más destacados, la Cueva de los Franceses, en la provincia de Palencia.
PISTAS es una colaboración del blog de viajes SIEMPRE DE PASO en el programa "Aquí en la Onda" de Onda Cero Castilla y León. No dejes de consultar lo que sobre esta propuesta he publicado en el blog: https://www.siempredepaso.es/que-ver-cueva-de-los-franceses-palencia/
Un "geoparque" es una figura de protección creada por la UNESCO con la que se busca impulsar los vínculos que existan entre el patrimonio geológico y todos los demás aspectos del patrimonio natural y cultural de una determinada zona. Su principal objetivo es demostrar que la diversidad geológica puede ser la base sobre la que se sustenten medidas de desarrollo sostenible que tengan como eje la singularidad del paisaje y las interacciones que los pueblos llevan a cabo en él.
Hace unos días conocíamos la noticia de la inclusión en la Red Mundial de Geoparques de la UNESCO del espacio de Las Loras, un amplio territorio del norte de las provincias de Palencia y Burgos que acaba de convertirse, por tanto, en el duodécimo geoparque español incluido en esta lista.
Hace un año hablábamos ya de la presentación de este espacio como candidato a ingresar en esa lista y recuerdo que realizamos un interesante viaje hasta el paraje de Las Tuerces, en la provincia de Palencia.
En esa ocasión dimos un montón de PISTAS y consejos sobre cómo acercarse a visitar esta pequeña meseta rocosa, que destaca por la impresionante cantidad de fenómenos erosivos y de formaciones rocosas dando forma a un pequeño espacio de territorio.
Pero, como decíamos, la comarca de Las Loras comprende una enorme extensión de territorio en la que encontramos hasta 16 municipios de las provincias de Palencia y Burgos. Todos ellos incluidos en un espacio que se caracteriza por presentar un paisaje repleto de formaciones que los geólogos saben etiquetar y explicar a la perfección, pero que a los que no somos expertos en esa materia lo que nos parece es un catálogo de formaciones de lo más llamativas. Precisamente, lo que a cualquier viajero que se adentre por ese espacio enseguida le llama la atención es darse cuenta de que se encuentra inmerso en medio de unos paisajes que no se parecen a ningún otro: llanuras enormes, páramos pedregosos y descarnados, montañas en las que se aprecian perfectamente los plegamientos que las han originado, mil y una rocas talladas por la erosión con las formas más caprichosas que puedas imaginar, desfiladeros , y cuevas... dada la naturaleza mayoritariamente caliza de todo este territorio encontramos una gran cantidad de cuevas y oquedades, muchas de ellas utilizadas como refugios por los hombres prehistóricos.
Entre los numerosos puntos de interés geológico que descubrimos para organizar una visita a esta comarca, uno de los más destacados es la Cueva de los Franceses, que encontramos en el norte de la provincia de Palencia, muy cerca de la localidad de Revilla de Pomar.
Es, también, uno de los reclamos turísticos más destacados de toda la provincia de Palencia.
Es uno de esos rincones hasta los que merece la pena acercarse en cualquier momento del año. Y, en este caso, es también uno de los lugares donde más vamos a aprender sobre los procesos geológicos que se han ido dando para que el paisaje que conocemos hoy tenga las formas y características que tiene.
Realizar una visita guiada por el interior de una cueva yo creo que es algo que podemos repetir un montón de veces sin cansarnos de la experiencia pero, desde luego, dada la gran cantidad de formaciones que se descubren cuando recorremos los pasillos del interior de una de estas cuevas, los niños disfrutan de una manera especial.
La visita a la Cueva de los Franceses no sólo excita la imaginación de los niños, que enseguida encuentran similitudes entre las formaciones rocosas que ven y personajes de cuentos o animales fantásticos... también resulta de lo más interesante para comprender los procesos que han llevado a que el mundo que conocemos hoy tenga la forma que tiene.
En el caso de esta cueva y de este territorio del que estamos hablando, habría que imaginárselo primero como el fondo plano de un enorme océano continental que lo inundaba casi todo. Esto sucedía hace 215 millones de años. Es entonces cuando se sitúa el origen de la naturaleza caliza de las rocas, que está directamente relacionado con la acumulación, durante muchos millones de años, de sedimentos marinos -conchas y restos óseos, principalmente- que iban cayendo al fondo de aquel océano y que al compactarse fueron transformándose en esa roca caliza.
Y es, precisamente, la facilidad que tienen los suelos calizos para disolverse con el agua procedente de la lluvia lo que convierte el páramo en el que se encuentra ubicada la cueva en una auténtica esponja: todo cuanto cae del cielo es inmediatamente absorbido para iniciar su camino por el interior de la tierra: abre túneles, forma ríos, derrumba barreras… Y un día se abre un agujero en la tierra, la boca de una sima, que va a dar al interior de una cueva repleta de salas y estalactitas. Ese, por ejemplo, sería el caso concreto de la Cueva de los Franceses, un pequeño laberinto que tiene en la actualidad unos 900 metros de pasillos bajo tierra formados durante millones de años y que solo se comunicaba directamente con el exterior a través de un agujero en mitad del páramo que los habitantes veían, simplemente, como el agujero de un pozo del que se desconocía el fondo.
Se dice que el nombre de la cueva deriva del hallazgo en su interior de esqueletos procedentes de la Guerra de la Independencia, y se cree que, en concreto, fue el lugar por el que se acabaron arrojando los cadáveres del enfrentamiento que tuvo lugar en este páramo entre un destacamento cántabro de Húsares y el ejército francés.
La visita a la cueva arranca en el Centro de Recepción que encontramos en la carretera que desde Revilla de Pomar se dirige hacia el espacio natural de Covalagua y el mirador de Valcavado, que son, además, dos de los lugares hasta los que deberíamos acercarnos una vez finalizada la visita a la cueva. Y en ella se recorren unos 500 de los 900 metros que tiene el trazado total. Un trazado que discurre a unos 15 metros por debajo del nivel del suelo del páramo y en unas condiciones de entorno al 95% de humedad y una temperatura constante de 10º.
La duración de la visita es de unos 55 minutos y, como digo, una vez finalizada yo no dejaría de acercarme hasta el mirador de Valcabado, un espectacular balcón que se abre sobre el valle cántabro de Valderredible y que, además, nos ofrece una increíble sensación de estar asomado al vacío, especialmente después de haber pasado casi una hora recorriendo pasillos por el interior de la tierra.
Y tampoco me olvidaría del espacio natural de Covalagua, casi a mitad de camino entre Revilla de Pomar y la Cueva de los Franceses, un estrecho vallejo al que se abre un buen número de "agujeros" sobre las paredes calizas del valle cuya función es, básicamente, servir de aliviaderos a los acuíferos del páramo. Es decir, cuando "la esponja" geológica que es La Lora de Valdivia ya no da para más los arroyos subterráneos brotan por este paraje en forma de cascadas alumbrando los primeros brincos del río Ibia.
Ya saben que van a encontrar una información mucho más detallada e incluso van a poder reservar su alojamiento a través del blog de viajes SIEMPREDEPASO.ES. |