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Esta semana nos vamos a perder por las laderas de la Sierra de Ayllón, en la provincia de Segovia, para recorrer la que han dado en llamar la Ruta de los Pueblos de Color.
PISTAS es una colaboración del blog de viajes SIEMPRE DE PASO en el programa "Aquí en la Onda" de Onda Cero Castilla y León. No dejes de consultar lo que sobre esta propuesta he publicado en el blog: https://www.siempredepaso.es/pueblos-rojos-y-negros-segovia/
El recorrido que planteamos hoy es un viaje por pequeñas localidades de esta sierra que destacan por haber mantenido unas construcciones de tipo tradicional en las que, lo primero que llama la atención, es la uniformidad del color que presentan todas ellas. Es decir, en realidad, con lo que nos vamos a ir encontrado es con algo que antes resultaba de lo más habitual, y es que las construcciones en el medio rural se realizaban con los materiales que se tenían más a mano. Por ejemplo, en la montaña leonesa, donde predomina la piedra caliza y la madera, nos encontramos con localidades que tienen las mismas tonalidades grisáceas de las peñas y los picos de las montañas que las rodean, mientras que en la meseta o en Tierra de Campos, donde el material que predomina es el barro, el color principal de sus pueblos era, precisamente, el color pardo de los suelos en los que se encuentran. De alguna manera, durante siglos y hasta que el ladrillo y el hormigón se convirtieron en los elementos más comunes de todas las construcciones, se hicieran donde se hicieran, los colores de los paisajes en los que se levantaban los pueblos eran los mismos que los de las casas de los hombres que los habitaban.
Es un viaje especialmente indicado para aquellos a los que les gusta saborear las peculiaridades que diferencian las formas de construir en las pequeñas localidades del entorno rural.
En este caso concreto estamos hablando de ocho poblaciones diseminadas a lo largo de unos pocos kilómetros en el noreste de la provincia de Segovia, sobre las lomas bravas de la sierra de Ayllón, que cierra este territorio segoviano por esa parte marcando las lindes con Madrid y Guadalajara. La diversidad geológica de esas laderas, agrestes y desarboladas en buena parte, es la responsable del colorista catálogo arquitectónico que ha dejado sobre el terreno pueblos de tez negra, negra como la pizarra de sus tejados y sus paredes, y pueblos de tez roja, roja como las areniscas de sus muros o las tejas de los tejados. Y también amarillos, amarillos como las cuarcitas blancas y amarillas con que visten sus revocos y mamposterías.
Es una propuesta de viaje multicolor que se complementa, además, con el disfrute de los horizontes segovianos que brinda el recorrido por pueblos serranos, algunos de los cuales se sitúan por encima de los mil metros de altitud.
Aunque la localidad de Alquité es la primera que nos encontraríamos si hacemos el viaje de sur a norte, propongo hacer un pequeño prólogo del viaje acercándonos antes hasta el mirador de Piedrasllanas, que encontramos un kilómetro más arriba de la ermita de Hontanares, en las afueras de Riaza, para ver desde lo alto lo que luego vamos a ir recorriendo paso a paso.
Una vez que lo hayamos hecho, lo que toca es regresar a la carretera que une las localidades de Riaza y Santibáñez de Ayllón, y que va a ser el hilo conductor de este viaje.
En este viaje de sur a norte, Alquité se estrena como el primero del muestrario. También como uno de los que más carácter han perdido con la modernidad. Aún así, merece la pena detenerse para echar un ojo a su iglesia de San Pedro, de origen románico. Dentro del muestrario, este sería de los que tiran hacia el amarillo porque en sus muros predominan las cuarcitas de esa tonalidad. Lo mismo que en Martín Muñoz de Ayllón, que sería el siguiente en este viaje, donde al amarillo se añaden ya los rojos de las mamposterías y el negro de algunos tejados de pizarra.
El tono amarillento de los anteriores se vuelve ya decididamente rojo en Villacorta. La culpa es de la arenisca ferruginosa de la que está hecho. El paseo por las calles deja ver que no solo el color, también la estructura y organización de las viviendas es, más o menos, el mismo por toda esta sierra, con un amplio corral a la entrada acotado por una tapia baja y que lo normal en la actualidad es que se haya reconvertido en un pequeño jardín.
Entre Villacorta y Madriguera, el otro pueblo rojo de la Sierra de Ayllón, surge la carretera de montaña que aúpa hasta Becerril, el primero de los pueblos negros en que se detiene el viaje. Es, además, un corto trayecto en el que lo que más llama la atención es el cambio radical de colores entre localidades que se encuentran a muy poca distancia unas de otras. Descubrimos también que los pueblos más altos de la sierra son los de tez negra y oscura mientras que los de abajo aparecen con tonos rojizos. Los geólogos hablan de las pizarras grafitosas que otorgan esos tonos oscuros al paisaje serrano de las alturas y cuentan que en épocas remotas se utilizaba el grafito de El Muyo y Becerril para la fabricación tosca de lapiceros.
Medio tumbado, medio en pie, Becerril se asienta sobre un llano al que acotan un par de arroyos de los que conviene localizar el que corre por el oeste, porque es la parte del pueblo a la que se asoman sus construcciones más tradicionales. Pajares, cuadras y corrales de mampostería pizarrosa a la que aportan llamativos toques de color las cuarcitas blancas que salpican sus muros o los macizos bloques de arenisca roja que recuadran algunos ventanucos.
Otra de las localidades imprescindibles de este viaje es Madriguera, de nuevo en la carretera principal. Esta localidad es también una de las más conocidas como consecuencia de que fue el primero de todos estos pueblos serranos en ser descubierto como lugar ideal para levantar la segunda residencia de muchos vecinos procedentes de Madrid. Y se nota tanto en la abundancia de casas restauradas como en el acabado de la mayoría de las construcciones, en las que se ha buscado no perder ni sus rasgos más singulares ni, en este caso, la peculiaridad del color rojizo de los revoques.
Desde Madriguera todavía nos quedaría acercarnos hasta Serracín, que estuvo a punto de desaparecer totalmente en el siglo pasado, y que es otro de los pueblos pizarrosos de este viaje. También desde Madriguera otra localidad a explorar, también de color negro, sería El Muyo, uno de los pueblos a mayor altitud de la provincia de Segovia (a 1.285 m. de altitud). Y el último del recorrido podría ser El Negredo, cuyo nombre refleja el color oscuro que tenían muchas de sus construcciones antiguamente como consecuencia del uso de pizarras. |