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Podcast: PISTAS
Episode:

Monasterio de Santa María de Huerta * Guía de viaje (15/2/2018)

Category: Society & Culture
Duration: 00:06:01
Publish Date: 2018-02-19 06:41:58
Description: Nos acercamos hasta la esquina suroriental de la provincia de Soria para visitar el monasterio cisterciense de Santa María de Huerta. PISTAS es una colaboración del blog de viajes SIEMPRE DE PASO en el programa "Aquí en la Onda" de Onda Cero Castilla y León. No dejes de consultar lo que sobre esta propuesta he publicado en el blog: https://www.siempredepaso.es/monasterio-cisterciense-de-santa-maria-de-huerta-soria/ Encontramos el monasterio de Santa María de Huerta en el lugar donde lo fundó, en torno al año 1151, un pequeño grupo de monjes procedentes de Francia que ya habían intentado la fundación de este monasterio en las proximidades del pueblo de Fuentelmonge. Al parecer, el lugar que habían escogido en un primer momento no reunía las condiciones esperadas y es entonces cuando deciden recoger los bártulos y trasladar su ubicación al lugar actual, una granja que habían comprado en la vega fértil del curso alto del río Jalón. Un lugar mucho más apetecible que el anterior pero que no se alejaba ni un milímetro de la entonces insegura y peligrosa frontera entre los reinos de Castilla y Aragón. En medio de un paisaje casi lunar, árido y despoblado, duro de ver y de vivir, de calores rigurosos y fríos de muerte, comienza la historia de un vergel; de una huerta divina que, como casi siempre en el Císter, dedican a Santa María; de un oasis de espiritualidad y fe que, con sus más y sus menos, ha perdurado hasta hoy. En aquellos tiempos de continuas guerras y peleas por las fronteras de los reinos era normal que los monjes fueran los primeros en llegar hasta esas zonas inseguras con el propósito de atraer tras ellos a nuevos colonos para que se fueran asentando en torno a la actividad que generaban los monasterios. En este caso, la fundación de este monasterio se debió al empeño y protección del rey Alfonso VII, que quiso cumplir con ella una promesa que había realizado durante el sitio de Coria. El caso es que esta protección real supuso también la implicación de religiosos emparentados con la alta nobleza, como el abad Martín de Finojosa o su sobrino Rodrigo Ximénez de Rada, arzobispo de Toledo, cuyos restos acabaron por descansar en este monasterio. Una vinculación con la nobleza que el monasterio aprovechó para conducirse durante muchos siglos, con sus debidos altibajos, por caminos de prosperidad y expansión. Fue costumbre durante mucho tiempo que los caballeros nobles de esta zona de Castilla y Aragón que partían para la guerra pasaran antes por él, tanto para recibir las bendiciones del abad como para que los rezos de la comunidad y los propios intercedieran en el buen desarrollo de las batallas. Si la suerte les era desfavorable pedían ser enterrados en el claustro que, de tantos nobles enterramientos como acogió, es conocido como el Claustro de los Caballeros. Todo ello siempre acompañado de importantes donaciones, ofrendas y privilegios. Como casi siempre, tras el declive general del XVIII, la llegada del siglo XIX, con la Guerra de la Independencia, primero, y las Desamortizaciones, después, supuso el fin de la vida monástica, quedando únicamente en uso el templo como iglesia parroquial. En 1930 los monjes regresaron al monasterio. Y hasta hoy, en el que una veintena de ellos se afana en proseguir con aquella semilla plantada hace algo más de ocho siglos. Vamos a empezar la visita traspasando una portada del siglo XVI retocada en el XVIII. Es la apertura de la larga cerca de piedra y torrecillas almenadas que envuelve el conjunto de dependencias y huertas. Como siempre sucede en los conventos estas tapias son la frontera que separa el exterior de un microcosmos interior en el que los monjes disponían de todo lo necesario para sobrevivir incluso en las condiciones más duras. Son las tapias que, además de las huertas que dan nombre al monasterio, envuelven también el núcleo vital de la fundación: el templo, la residencia de la comunidad, los almacenes, los claustros o los talleres. Una vez en el interior, el recorrido por la zona visitable del monasterio comienza por el claustro de la Hospedería o Herreriano, que fue construido entre 1582 y 1630 con el propósito de que el trasiego de peregrinos y visitantes no interfiriera con el ora et labora de la comunidad de monjes, que giraba en torno al claustro de los Caballeros. Tras este claustro enseguida llegamos a una de las dependencias vitales para un monasterio: la cilla, el almacén de víveres construido en el siglo XII y en el que puede verse un audiovisual con información sobre el monasterio. Otra de las estancias mágicas del monasterio es el refectorio de conversos, el comedor de los trabajadores y legos relacionados con el monasterio. También del siglo XII es, junto a la cilla, una de sus estancias más antiguas. Junto al él queda la cocina, otro de los espacios que hacen que el recorrido por Santa María se acerque mucho a un viaje real en el tiempo. En ella el humo se huele y se ve -impregnando las paredes, claro-. Y hace falta muy poco para imaginarse el ruido de los pucheros bullendo en el corazón de la fantástica chimenea central, de sólidos sillares y dimensiones casi de faro. De hecho, el hogar de la cocina es casi como una habitación dentro de otra, con espacio suficiente para quitar y poner ollas y servir a los dos comedores del monasterio -el de conversos y el de monjes. Dicen los que saben que esta cocina, junto con el refectorio de monjes, son piezas únicas en toda la Península. Si uno no está avisado, lo que le extraña del refectorio de monjes es que fuera utilizado para comer, no para rezar. Hasta el púlpito que vemos en uno de los laterales despista. Pero lo cierto es que los monjes del Císter hacían ambas cosas a la vez y puede que por eso se permitieran el lujo de un lugar tan espectacular como este. De hecho, tiene las dimensiones propias de una iglesia, con mucha luz y detalles tan originales como la escalerilla empotrada en uno de sus muros que sube hasta el púlpito desde el que se leían las lecturas sagradas que amenizaban las comidas de los monjes. Dicen los especialistas que esta sala es única en el mundo dentro del arte cisterciense. Otros rincones imprescindibles del monasterio son, por supuesto, el claustro de los Caballeros, del que ya hemos hablado, y la iglesia, decorada con unos llamativos frescos en los que se representa la preparación de la batalla de Las Navas de Tolosa y su desenvolvimiento. Justo en el lado opuesto, a los pies del templo, queda el primitivo sepulcro de Rodrigo Ximénez de Rada, importantísimo personaje, muy relacionado con el monasterio que pidió ser enterrado en él. Gracias a este deseo y a diversas circunstancias el monasterio ha logrado conservar uno de los ajuares funerarios más importantes de la Europa medieval y, desde luego, el más completo de un rico y distinguido prelado de la Edad Media. Está claro que la visita al monasterio de Santa María de Huerta es, desde luego, una estupenda excusa para acercarnos hasta esta zona del sureste de la provincia de Soria pero tampoco es lo único que vamos a poder hacer en ella. Santa María de Huerta, es principio y final de etapa dentro del Camino del Cid. De hecho, en el monasterio se halla enterrada una de las bisnietas del Cid, doña Sancha. Y, también, forma parte del Sendero de Gran Recorrido GR-86, con lo que perfectamente podemos recorrer alguno de los tramos de estos senderos que están señalizados en el entorno. También podemos tratar del ver el Museo Etnográfico que está ubicado en el edificio del antiguo ayuntamiento de Santa María de Huerta o, si nos gusta visitar ruinas, acercarnos hasta las del castillo de Belimbre o hasta las de un castro celtíbero que hay muy cerca de Santa María de Huerta y que es conocido como castro celtíbero Ciclópeo por la enormidad de muchas de las piedras con las que construyeron sus murallas. Como ves, son un montón de propuestas de las que podemos buscar toda la información detalla, e incluso reservar directamente el alojamiento, a través del blog SIEMPREDEPASO.ES.
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