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En un momento clave para la industria
creativa del Reino Unido, más de 70 destacadas figuras del mundo del
arte, música y literatura británica han unido sus voces para exigir
al primer ministro Keir Starmer medidas contundentes que protejan su
trabajo frente a la expansión de la inteligencia artificial (IA).
Entre los firmantes están leyendas como Paul McCartney, Kate Bush,
Elton John, Mick Jagger y Annie Lennox, quienes advierten sobre el
peligro que supone permitir que las compañías de IA usen obras con
derechos de autor sin consentimiento, una práctica que califican
como "un robo masivo" que pone en jaque la creatividad y el
sustento económico de millones de personas vinculadas al sector
cultural. Esta petición llega justo cuando el
Reino Unido se prepara para recibir la visita oficial del
expresidente estadounidense Donald Trump, un evento que estará
marcado por un acuerdo tecnológico entre ambos países centrado en
la IA, el cómputo cuántico y la energía nuclear. El pacto, sin
embargo, ha encendido aún más las alarmas en el mundo artístico,
que teme que las negociaciones prioricen intereses tecnológicos y
comerciales en detrimento de la protección de los creadores. En una carta abierta dirigida a
Starmer, estos artistas y profesionales de la cultura denuncian la
aparente indiferencia del Gobierno laborista ante la violación de
derechos de propiedad intelectual en el desarrollo de tecnologías de
inteligencia artificial. Según el texto, las empresas tecnológicas
han estado entrenando sus sistemas con millones de obras protegidas,
incluyendo música, letras, guiones y libros, sin autorización ni
remuneración para sus autores. Esta situación no solo vulnera la
legislación vigente, sino que compromete el futuro de la industria
creativa, que representa un motor económico con 2,4 millones de
empleos en todo el Reino Unido. Elton John fue contundente en sus
declaraciones: "Permitir que los bots sin alma saqueen la
obra de un artista es abrir la puerta de par en par a que su vida
dedicándose a la música sea robada. No vamos a aceptar esto y no
dejaremos que el Gobierno olvide sus promesas electorales de apoyar
nuestras industrias creativas". Por su parte, Paul McCartney subrayó
la importancia de proteger a los creadores en un momento donde la
tecnología avanza a pasos agigantados: "Si vas a aprobar una
ley, asegúrate de proteger a los pensadores creativos, o no tendrás
ninguno". Esta preocupación se extiende más allá de los
músicos consagrados, alcanzando a compositores, productores
independientes y artistas emergentes que dependen de sus derechos
para subsistir y crear. La controversia se centra en una
propuesta legislativa conocida como el Data (Use and Access) Bill,
que en su versión inicial permitía que las compañías de IA usaran
obras protegidas sin solicitar permiso, a menos que los titulares
expresamente optaran por excluir sus creaciones. Esta fórmula ha sido duramente criticada, tanto por los
artistas como por defensores del derecho de autor, quienes abogan por
un modelo de "opt-in" que garantice transparencia y
consentimiento previo. En cuanto al proceso parlamentario, la
ley ha sufrido múltiples rechazos y enmiendas, con el Senado
británico intentando imponer requisitos de transparencia para que
las empresas tecnológicas informen qué contenidos protegidos han
utilizado en sus modelos. Sin embargo, la Cámara de los Comunes ha
bloqueado estas modificaciones, prolongando un pulso político en
ascenso y dejando a los creadores en una situación de incertidumbre. El impacto económico también es
alarmante. Un estudio reciente de la Confederación Internacional de
Sociedades de Autores y Compositores pronostica que los trabajadores
de la música podrían perder al menos una cuarta parte de sus
ingresos en los próximos cuatro años debido a la expansión de la
IA sin regulación adecuada. Aunque el gobierno británico asegura que está
trabajando para equilibrar los intereses de los derechos de autor y
el desarrollo tecnológico y que ninguna medida será adoptada sin
consenso, la situación ha generado protestas y movilizaciones en
Londres, coincidiendo con la visita de Trump. En paralelo, grandes
tecnológicas como Microsoft y Google han anunciado inversiones
multimillonarias en infraestructura de IA en el Reino Unido, mientras
la comunidad creativa exige que esos avances no beneficien solo a las
corporaciones, sino que también respeten y protejan a quienes
generaron el contenido original. Este choque de intereses plantea ahora un
desafío clave para el futuro cultural y tecnológico británico:
cómo garantizar que la inteligencia artificial no sea una amenaza,
sino una herramienta que complemente y enriquezca la creatividad
humana sin pisotear sus derechos fundamentales. |