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6 de noviembre | Nueva York
Hola, maricoper. Padres enfurecidos.
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Lo importante: las derrota demócratas en las elecciones a gobernador en Virginia han presentado un panorama desolador para el partido de cara a las elecciones de medio mandato de 2022, unas en la que se juegan sus mayorías en el Capitolio.
¿Por qué? Los republicanos parecen haber encontrado el campo de batalla perfecto para ganar elecciones: las juntas escolares.
Explícamelo: el movimiento conservador en Estados Unidos lleva meses centrando esfuerzos y recursos con tal de llevar la conflagración política a los organismos que administran los colegios públicos del país.
Aprovechando los cierres de colegios durante la pandemia y las guerras culturales que abruman el ecosistema mediático de EE. UU., Virginia ha probado ser el laboratorio perfecto para definir un mensaje republicano ganador de cara a las elecciones del año que viene.
Contexto: en EE. UU., la mayoría de colegios públicos se enmarcan en distritos escolares que son administrados por juntas generalmente independientes a los poderes locales, estatales y federales, aunque financiados e influenciados por ellos.
Es decir, un distrito escolar está operado por una junta electoral formada por miembros que en su gran mayoría son elegidos por constituyentes al nivel local, pero reciben dinero de la administración pública.
Por tanto, a veces tienen que adscribirse a políticas concretas para conseguir financiación.
⚠️ Vuelve a leer
“Junta electoral formada por miembros que en su gran mayoría son elegidos por constituyentes al nivel local”.
Es decir, elecciones locales para elegir a candidatos que después administrarán decenas o incluso centenares de colegios públicos.
En Virginia, el republicano Glenn Youngkin empezó su campaña a gobernador sin tener demasiado claro qué mensaje destacar. En aquellos inicios, lo único importante era saber mantener las distancias con Donald Trump, una figura detestada en las zonas residenciales ricas del norte del estado —los llamados suburbs.
El norte del estado es clave porque incluye algunos de los condados más poblados de Virginia. Es el llamado Beltway a las afueras de Washington D.C., con lo que hay una destacada población blanca adinerada, muchos de ellos con estudios universitarios.
Estrategia: Youngkin y sus asesores sabían que para ganar Virginia necesitaban motivar a la base de votantes de Trump, generalmente en las zonas rurales y con menos recursos (casi todo lo rojo del mapa de arriba), y convencer a los suburbs ricos de que los demócratas habían volado demasiado cerca del sol.
Y ahí los republicanos dieron con una frustración nacida en tiempos pandémicos: el cierre continuado de colegios incluso cuando la ciencia no lo justificaba.
⚠️ Ejercicio de empatía
Piénsalo: la mayoría de estudiantes en el norte de Virginia se pasaron un año sin clases presenciales. Eso implicaba padres que debían apartar sus trabajos, algo que ha afectado desproporcionadamente a las mujeres, y familias que de repente tenían que invertir más dinero en niñeras o centros de cuidado infantil.
Sin olvidar los efectos perjudiciales que estudiar desde casa han tenido en niños y adolescentes a nivel de salud mental y de quedarse por detrás de sus compañeros en el temario, algo que ha afectado desproporcionadamente a los menores de pocos recursos y minorías.
Para que te hagas una idea, los distritos escolares públicos del norte de Virginia tienen una buenísima reputación y sin embargo han perdido entre un 3.4 y un 5 por ciento de estudiantes pese a ser regiones en continuo crecimiento poblacional.
En resumen, los padres están hasta los cojones.
Subida de nivel: los republicanos aprovecharon ese resquicio para colocar también mensajes propios de las guerras culturales que el movimiento conservador ha abanderado desde hace años, aunque de forma mucho más descarnada desde la llegada de Trump.
Mensajes hiperlocales: la polémica en el condado de Loudoun por la agresión sexual de un joven de 15 años a otra adolescente en un baño de chicas.
La derecha criticó a los demócratas por aprobar una ley de baños de género neutro que permite la entrada de depredadores sexuales en los baños de chicas.
En realidad, la anécdota se desvirtuó al máximo, pero la gestión de la junta escolar del condado fue lamentable por la falta de transparencia.
Mensajes nacionales: la controversia en torno al concepto de la Teoría Crítica de la Raza (CRT), pese a descontextualizado, se ha convertido en una consigna conservadora muy efectiva en distritos escolares como los del norte de Virginia.
Con tantos padres en casa cotilleando las clases online de sus hijos, muchos han escuchado de primera mano cómo el profesorado impartía temarios con una particular obsesión con el racismo.
Muchos padres prefieren que sus hijos vean a sus compañeros sin pensar en la raza.
⚠️ Que quede claro
En muchas ocasiones, el concepto de Teoría Crítica de la Raza se distorsiona. De hecho, ha pasado a englobar numerosas preocupaciones que poco tienen que ver con esa tesis teórica que niños de 9 años serían incapaces de estudiar.
Pero ese es precisamente el éxito de los conservadores, lograr que cada indignación parental en los colegios tenga un concepto de fácil referencia con el que definir su enfado.
Youngkin supo distanciarse de las polémicas más viscerales en torno a esas guerras culturales, pero sin duda enfocó sus esfuerzos en lograr que la educación nunca desapareciera del debate público. Y lo logró.
Las encuestas no solo descubrieron que la educación y la economía se disputaban el primer puesto del tema más importante para los votantes, sino que el republicano ganaba a los votantes que listaban a la educación en lo más alto.
Eso es algo casi insólito porque los demócratas suelen contar con la confianza de los votantes que consideran la educación el asunto más relevante a la hora de ir a las urnas.
Youngkin pidió más financiación para colegios y profesorado al tiempo que los medios de la derecha batallaban esas guerras culturales —y los medios del centro-izquierda caían en la trampa de intentar explicar por qué los conservadores estaban engañando a los padres con motivos racistas.
Y supo aprovechar al máximo un gafe que su rival, el demócrata Terry McAuliffe, cometió durante un debate al decir: “No creo que los padres deban decirle a los colegios qué deben enseñar”.
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