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Description:
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Garbanzos 'matamaridos', fabes
con rabo de toro o pan de garbanzo... muchas han sido las recetas con legumbres que nos han dado los Fósforos y a las que Antonio Agredano pone voz y letra. Cuántas
veces llegué del colegio y me asomé a la cocina para ver qué había
de almuerzo y dije «no, lentejas no», al ver la olla sobre
hornilla. Cuántas veces me llevé la cuchara a la boca haciendo
mohínes con los potajes, con las habichuelas, con el cocido. Cuántas
veces me dejé los platos medio enteros. Los desprecié. Dije algo
que ahora odio escuchar en cualquier, que es «me da asco», ante la
comida. Masticando, poniendo mala cara, comiendo pan tras cada
cucharada para olvidar su sabor. Y
un mediodía de lluvia insoportable en Málaga, en aquel estudio
minúsculo donde yo vivía, tras el trabajo, poco grato, que yo
tenía, con el cuerpo entumecido, sin ganas de nada, cansado de mí
mismo, sin nada en la nevera, fui a una tienda y allí vi, en un
estante, una de esas latas de lentejas. No sé por qué me dio por
ahí. Siempre las odié. Pero aquel día, calenté las legumbres en
un cazo, las serví en el plato y sentí que me rejuvenecían. Como
Renton en Trainspotting, me eché hacía atrás del sillón y dije:
«Yesssss». Qué ricas estaban. Qué chute de energía. Qué paz
conmigo mismo. Y luego vinieron las fabadas y todo lo que había. Un
día que volví a casa de mis padres, me dijo mi padre: «He hecho
lentejas, pero si quieres otra cosa, mira en la nevera». Y dije:
«Quiero lentejas». Me arrepentí tanto de no haberlas comido de
niño. Qué cosas tenemos a veces. Qué caprichosa es la infancia.
Cómo valoramos lo que perdemos. Cuánto se ama la ausencia. A
mís hijos les he enseñado a disfrutar de cada plato, de cada sabor,
de cada textura. Les encantan los guisos, las verduras, las legumbres
de todo tipo. El cuchareo, que se dice. Todo aquello que yo odiaba de
enano. Pero ellos no van a perder el tiempo como su padre. No van a
tener que vivir en un piso chiquitito y sentirse tristes y solos para
encontrar reconfortante una lata de supermercado. Educar es construir
sobre nuestros errores. Una arquitectura nueva. La hoja de laurel
flotando sobre el caldo. Mi reino por un potaje de garbanzos con
tagarninas, que aunque tarde, ya he madurado. Ya he aprendido a
disfrutar de las cosas disfrutables. |