|
Description:
|
|
Si
alguna vez has tenido la suerte de ir a Nueva York, seguro que te
habrás sentido como dentro de una película. Porque sí, todos esos
largometrajes que hemos visto producidos en Hollywood incluían, casi
siempre, una referencia a la que es considerada como la capital del
mundo. Por
eso, cuando uno va por primera vez a esa ciudad que nunca duerme,
siente como si la hubiera conocido desde mucho antes, y sabe ubicar a
la perfección todos los símbolos de la ciudad. Desde el mítico
Empire State hasta la Grand Central Station, pasando, por supuesto,
por la Estatua de la Libertad desde la que puedes ver todo Manhattan.
Y
es que sí, Nueva York está plagada de iconos que dan a la ciudad un
misticismo que no se puede comparar con otra gran urbe. Nueva York
es, sin duda, ese lugar por el que perderte y que te atrapa, aunque
nunca hayas estado en la misma.
Pero,
¿sabías que muchos de esos iconos de la ciudad, en realidad, tienen
origen español? Si bien Nueva York nunca fue española, otras partes
de Estados Unidos sí tienen una gran impronta hispana. Aun con eso,
hay un símbolo de la ciudad que es de origen español y que pocos
saben.
Todos
sabemos, por poco que sea, algo sobre la Estatua de la Libertad de
Nueva York. Sabemos que, aunque ahora tenga ese color verdoso, lo
cierto es que inicialmente tenía un color rojizo, propio de su
material, que era el cobre. Además,
sabemos que fue un regalo de Francia para celebrar el centenario de
la Declaración de Independencia, y para unir y estrechar lazos entre
ambas naciones. Sabemos, también, que el arquitecto era Eiffel, sí,
el mismo de la torre de París.
Sin
embargo, lo que pocos saben es que está inspirada en una estatua
española, realmente, la original Estatua de la Libertad. De esto es
lo que nos habla Ana Velasco, historiadora del arte que, en 'Herrera
en COPE' habla sobre esta curiosidad.
“La
verdadera estatua de la libertad está en Madrid. En 1853 se le
encargó a Ponciano Ponzano que hiciera una estatua para coronar un
monumento funerario a tres políticos liberales. El monumento se se
inauguró en 1857” comenzaba explicando.
Una
estatua de mármol, es decir, blanca, de unos 2 o tres metros de
altura. Tiene los mismos rasgos que hoy con conocemos en la Estatua
de la Libertad.
“Lleva
el pecho semidesnudo, en la mano izquierda sostiene un cetro, en la
mano derecha un yugo roto que es el símbolo del fin de la opresión
y de las libertades. El pie está puesto sobre el yugo para reforzar
esa idea y además tiene un gato porque se entendía que era un
animal difícil de controlar y bueno, pues estaba asociado también a
la libertad” decía Velasco.
Lo
cierto es que, como explicaba Ana Velasco, esta Estatua de la
Libertad (que, por cierto, está en el Panteón de los Hombres
Ilustres, cerca de Atocha) tuvo muchos admiradores. De hecho, se hizo
una segunda para Madrid. “Es
que Ponciano Ponzano en 1848, en la fachada del Congreso de los
Diputados, ya había hecho otra estatua de la libertad que era
idéntica a esta” contaba. Una estatua en la que se fijaron los
franceses cuando quisieron hacerle un regalo a Estados Unidos.
Y
es que España, al igual que ellos, también había contribuido a la
independencia de Estados Unidos. “El autor, que sabía que Ponciano
Ponzano había hecho estas estatuas, se inspiró en ellas y propuso
su propia estatua de la libertad, que hoy todos tenemos vinculada a
esa imagen, pero que en realidad es de origen español” matizaba
Ana Velasco.
|