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El
ministro de Adamuz, el ministro de Rodalíes, el
ministro de las suspensiones constantes del servicio ferroviario, del
caos horario, de la falta de mantenimiento de las vías, de la
ralentización de la velocidad y de las protestas de maquinistas. El
ministro de los tweets de lobo que ahora se pone la piel de cordero.
Ese ministro llamado Óscar Puente compareció ayer en el
Congreso básicamente para presentar excusas. Me explico
mejor. No para pedir perdón, no para presentar sus excusas a las
familias de Adamuz y a los usuarios de Rodalíes antes de dimitir. No,
no, compareció para desviar su responsabilidad y poner excusas a su
inutilidad, a su falta de previsión, a la mala gestión de
prioridades en el gasto público, a la impotencia de un gobierno
débil y sectario que es incapaz de proyectar políticas a largo
plazo porque lleva 8 años demonizando al otro partido de Estado y
sobreviviendo en minoría a base de crear relatos de consumo rápido,
que por eso mismo suelen ser falsos. Y uno de esos relatos dice que
la culpa de todos los problemas que caen bajo la competencia de este
gobierno son del cambio climático. Pero aquellos problemas
que más nítidamente tienen que ver con el cambio climático, por
ejemplo, la Dana de Valencia, esos no. Esos son solo culpa del PP. Ayer
Puente tuvo el cuajo de culpar del estado de las vías en Cataluña,
que es competencia de Adif, a la saturación hídrica, o sea,
al dios de la lluvia que se conoce que le tiene manía a Cataluña,
tiene catalanofobia la lluvia. Igual es que las borrascas son del
Real Madrid, como Paco Gento, la galerna del Cantábrico, o como si
no lloviera en Galicia, que no tiene tantos problemas con sus trenes. Si
llueve más, si ahora hay más borrascas, pues habrá que adaptar la
gestión política a las nuevas condiciones climáticas, digo yo. Por
ejemplo, aprobando unos presupuestos actualizados cada año. Por
cierto, el ministro dedicó el 70% de su intervención ayer a hablar
de rodalíes, a suplicar el perdón de los socios indepes de
los que depende su puesto, y el resto a toda prisa lo dedicó ya a la
tragedia de Adamuz. Pues hombre, la proporción, aunque solo sea por
número de muertos, debería haber sido al revés, don Óscar. Pero
es que además, según el delirante relato autoexculpatorio de
Puente, lo que no es culpa del cielo es culpa de Mariano Rajoy. ¿Pero
no habíamos quedado en que esta crisis ferroviaria nada tenía
que ver con la falta de mantenimiento ni en Adamuz ni en Cataluña?
Aclárese, ministro, que llevan ustedes 8 años en el poder, que 8
años dan para muchas teteras y para vajillas enteras, que la
liberación del sector la habéis gestionado vosotros y no se os
ocurrió planificar un aumento de la inversión en mantenimiento
proporcional al incremento del tráfico en las vías. Quizá porque
alguno de tus predecesores estaba demasiado ocupado colocando a sus
concubinas y suripantas en el ministerio. Por todo eso estamos como
estamos y los sindicatos de maquinistas se concentraron ayer
bajo la ventana de tu despacho, ministro, para pedir tu dimisión,
no la de Álvarez-Cascos, no la de Ana Pastor. Y ojo, este sábado
hay dos, no una, sino dos manifestaciones. Por Rodalíes y el lunes
huelga de maquinistas. La
responsabilidad política de todo esto ya la estableció Iñaki Barrón, el ingeniero jefe de la Comisión de Accidentes
Ferroviarios, cuando recordó con mucha elegancia en aquella
entrevista que los mantenimientos no se inauguran. Claro, no dan
votos. Pero si el ministro quiere un ejemplo de previsión ante los
efectos indeseables de las borrascas, que mire a Andalucía.
Allí Juanma Moreno ha movilizado a la Unidad Militar de
Emergencias y ha suspendido cautelarmente para hoy las clases en toda
la comunidad, menos en Almería. O sea, que se puede luchar contra
los elementos. Solo hay que pensar antes en el bien común que en la
supervivencia personal. Enfrentamiento
entre Sánchez y Elon Musk Y
Pedro Sánchez ha ido a Dubai a luchar contra la internacional
conservadora o ultraconservadora. Supongo que ha elegido una
teocracia árabe para aprender a fondo del enemigo ultraconservador
antes de combatirlo. Bueno, el caso es que eligió ese país para
anunciar la decisión de su gobierno de prohibir el uso de las
redes sociales a menores de 16 años. Y como le dio envidia el
éxito de Irene Montero la semana pasada a la hora de atraer la
atención de Elon Musk, pues Pedro se esforzó calculadamente
en personalizar los males de las redes sociales en el dueño de X, el
Twitter. Ojo,
el fondo de este asunto, igual que sucede con la regularización
extraordinaria de migrantes que ya estaban integrados y trabajando
aquí, pero sin derechos laborales, no es descabellado. El fondo,
digo, no es descabellado. Existe ya suficiente consenso en la
comunidad educativa acerca del peligro que representa el uso
precoz de las redes en chavales, que es que ni siquiera son
adolescentes todavía. Los algoritmos están diseñados para generar
adicción y el cerebro de un menor está más desprotegido ante la
ansiedad, ante el acoso, ante el chantaje sexual, ante la toxicidad
emocional. Regular el uso de las redes en menores debería ser en un
principio tan razonable como regular el uso de cualquier sustancia
adictiva y potencialmente perjudicial, igual que el tabaco. Hay
consenso también entre padres, y esto es transversal, padres de
izquierdas y de derechas, preocupados por la influencia de las redes
sociales en sus hijos menores, en sus hijos más pequeños. En España
los chavales se abren un perfil en redes sociales con 7, 8, 9 años.
En Australia y en Francia ya han fijado por ley la barrera de acceso
a redes sociales a los 16. Y bien está, aunque el estado jamás va a
sustituir la labor formativa de unos padres atentos, toda educación
debe empezar como siempre en casa. Pero en esto hay dos problemas
más. El primero es cómo poner puertas al campo digital para
proteger a los niños sin que las restricciones terminen siendo un
coladero y sin acabar dañando por el camino la libertad de
expresión y el derecho a la intimidad de los adultos. Y el
segundo problema, pues, es el de siempre en Pedro Sánchez.
Nada en él es sincero. Todo anuncio se agota en el mero anuncio, en
alimentar la ficción de que está al mando y de que aún toma
decisiones de gobierno y de paso echar combustible a su relato de la
confrontación. Y
ojo, porque parece que le ha vuelto a salir bien, porque Elon
Musk, que también es para charla de comer aparte, se ha enfadado
con él, que es exactamente lo que Pedro buscaba y le ha llamado
Dirty Sánchez, que es el nombre de una práctica coprófila
que me niego a describir. Y también la ha llamado tirano traidor al
pueblo de España. Y claro, todos los socialistas con cuenta en X
pues les ha faltado tiempo para salir en tromba contra el malvado
tecnoligarca y salir en defensa del gran líder del progresismo
mundial que casualmente es su jefe. Otra cosa distinta es que los
parroquianos de los bares de Teruel que votan el domingo se hayan
enterado del pique entre Pedro y Elon Musk o que les importe lo más
mínimo en comparación con la financiación autonómica, la
despoblación. O el acuerdo de Mercosur. |