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Description:
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No era
especialmente alta de estatura, pero sí era esbelta, rubia, y
llamaba la atención por sus múltiples combinaciones a la hora de
vestir. Tenía, así lo recogen quienes la conocieron, un magnetismo
inusual para conectar con las masas, y una presencia especial. Tanto,
que llegaba a opacar a su marido. Si no hubiéramos
dicho que no era especialmente alta, a uno se le podría haber ido la
mente a Diana Spencer, o más conocida de Lady Di, pero se trata de
Evita Perón. Sí, la argentina que en su infancia no tuvo
prácticamente acceso a la educación, y que acabó siendo la figura
más importante e impactante de la historia argentina. Y es que la
joven, que se convirtió en la segunda esposa del general Juan Perón,
atrajo y sigue atrayendo a multitud de personas que encuentran en
ella un icono de la cultura popular. Pero su historia es truculenta
y, de ningún modo, no estuvo a la sombra del dictador argentino. Nacida en el seno
de una familia humilde y prácticamente analfabeta, y su infancia y
adolescencia transcurrieron de una forma triste. Abandonó su ciudad
natal para irse a Buenos Aires e intentar trabajar como actriz, y,
aunque lo consiguió, nunca tuvo un éxito desmedido. Y es que su gran
oportunidad llegó de la mano de Juan Domingo Perón, a quien conoció
en una fiesta en el Luna Park de la capital, y quien era viudo.
Presos de una diferencia de edad acuciante (ella tenía 24 y el 48),
contrajeron matrimonio. En la dictadura
de Perón, el papel destacado de Eva, también conocida cariñosamente
como Evita, fue crucial para llevarle a ser el mandatario argentino
que fue, y mucho más, para perdurar en el papel. Evita Perón fue
todo lo que el general necesitaba, y ella fue quien consolidó esa
vieja idea de que al pueblo le pertenecía todo, mientras ellos se
enriquecían con la miseria y pobreza de su propio pueblo. En un momento
convulso para toda Latinoamérica, la Argentina de Perón se
presentaba como el país del avance, como una estupenda reencarnación
de San Martín y de Bolívar. Sin embargo, nada estaba más lejos de
la realidad. A pesar del
magnetismo que suponía el matrimonio Perón para el pueblo y para
los pobres, ambos estaban muy alejados de la realidad del país, y
vivían, en gran parte, de las apariencias. Por eso, en este
contexto, y dado que el país se empobrecía cada vez más, enviaron
a Eva Perón a España. El momento era
perfecto: año 1947, cuando Franco llevaba menos de 10 años en el
poder y estaba aislado internacionalmente, y Argentina adolecía de
una terrible pobreza. El objetivo era claro: forjar alianzas entre
ambos países. Franco acordaba
mandar a Argentina materias primas y materiales, así como productos
agrícolas como el aceite, y Argentina enviaba a España trigo, carne
y huevos. Además, había otro objetivo: no aislar a España
internacionalmente, ya que había sido rechazada por la ONU. Así fue cómo Eva Perón aterrizó en Madrid en junio de 1947. Su visita duró 18
días, y aprovechó para estar en Madrid, Sevilla, Santiago de
Compostela, Huelva y Barcelona. Todo hay que decirlo, su visita
levantó pasiones, y no dejaron de sucederse los vítores y la
necesidad de cercanía. Según se
reporta, los españoles quedaron embelesados con el efecto que
producía Eva Perón, y ella hacía de todo por agradar a los
españoles y a “la madre Patria”. Visitaba y hacía carantoñas a
niños, y llegó a proponer que ciertos edificios institucionales se
convirtieran en refugios para pobres. Franco se limitó
a acompañar y sonreír cuando estaba en presencia de Eva Perón,
pero era evidente que esa fascinación por los pobres no le resultaba
agradable. Con su mujer, Carmen Polo, la primera dama argentina tuvo
algún que otro roce, y no entendía el efecto que ella producía. Para más inri,
Evita le recordó a Carmen Polo que Franco había llegado al poder
mediante una guerra, y no mediante urnas. A pesar de todo, había que
mantener la farsa de buenas relaciones entre ambos países, y Franco
le otorgó a Evita la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica. Ella correspondió
con una petición inusual a Franco: liberar a la comunista y
terrorista Juan Doña. Ella militaba en el Partido Comunista, y había
servido de enlace entre la guerrilla y el partido en el exilio. Fue,
además, la artífice de los atentados contra la embajada argentina. Fue detenida,
encarcelada, y condenada a pena de muerte, pero a Evita le conmovió
la carta de su hijo, Alexis, que clamaba por salvar la vida de su
madre. Ante tal petición, Franco no pudo negarle nada, y acabó
liberando a una mujer que tachaba de “populista” a Eva Perón y
que decía que no tenía “nada que ver con ella”. |