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Tras
el accidente ferroviario en Adamuz, por el que -de momento- hay 41 fallecidos y 39 personas siguen ingresadas; a la las labores de identificación de los cadáveres y búsqueda de personas desaparecidas se unen las labores de rescate y
retirada de los vagones, una tarea de enorme
complejidad. Para ello es fundamental el trabajo de las grúas, por lo que en las últimas horas se han incorporado dos más que
tienen que levantar esos trenes pesadísimos que siguen en las vías
y en el terraplén. Manuel Vidal, técnico de seguridad de la empresa de grúas que se encargó de retirar los vagones del Alvia accidentado en Galicia hace casi 13 años, explica en 'Mediodía COPE' cómo se realiza este complejo trabajo y la importancia de investigar los vagones afectados para conocer las causas del accidente. Manuel Vidal ha explicado que, aunque el trabajo con grúa es habitual para elevar y distribuir cargas, en un accidente las condiciones son muy particulares. El procedimiento exige "identificar cuál es la carga, hacer una pequeña simulación de qué es lo que vas a hacer, tener identificado quién es el que dirige la maniobra y contar con operadores y maquinaria apropiada". La dificultad aumenta, según Vidal, porque los vagones no están bien posicionados, sino que pueden estar "fuera de las vías" o en posiciones "inestables". Esta situación requiere una coordinación aún mayor y un equipo de gente más grande de lo habitual para garantizar la seguridad durante toda la operación. Una vez retirados, el futuro de los vagones depende de la empresa contratante. Vidal ha recordado el caso del accidente en la curva de Angrois, donde los 13 vagones del Alvia fueron custodiados en las instalaciones de su empresa durante "casi por 3 años" para la posterior investigación. Allí, el personal de investigación realizaba pruebas y descargaba la información de los sistemas informáticos para "[{esclarecer por qué ha ocurrido el accidente}", un procedimiento que seguramente será similar en esta ocasión. Vidal ha confesado que una catástrofe así "es una situación que te marca". Recuerda recibir la llamada en casa y pensar que el descarrilamiento en Santiago era un incidente menor. Sin embargo, la realidad fue impactante al ver los vagones, de chasis de aluminio y unas 16 toneladas, que parecían "cortados como si fuese mantequilla". Esta visión le produjo una mezcla de "frustración y pena". El técnico jamás olvidará la noche de aquel 24 de julio. Describe el ambiente que se respiraba, con un olor particular a aceites hidráulicos y a la propia maquinaria. Lo define como una "situación dantesca, es casi imposible de describir". |