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Description:
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El cronista de Herrera en COPE pone voz y letra al duelo que ha dejado el accidente ferroviario en la localidad cordobesa. Una
niña camina a oscuras entre gritos y llantos. Bajo sus pies, metal y
piedras. Imagino su corazón acelerado. Su paso confuso. Un miedo
nuevo, enorme, que la recorre por dentro. Sangra una pequeña brecha
en la cabeza. Su soledad de ahora será ya de años. Ha perdido, aún
no lo sabe, todo lo que tenía. El amor de sus padres, el de su
hermano. Ya no tiene un hogar al que volver, porque un hogar es la
familia que lo habita. Sigue caminando entre las vías. La
noche es en el pecho tan oscura como en el cielo. La vida es un
regalo frágil. Alguien, en mitad del caos, abrazó a esa niña. Le
habló con ternura. Ella temblaba. Contestó a sus preguntas. Le
diría: «Todo está bien». Le diría: «Ahora encontraremos a tus
papás». Hay gente ayudando a otra gente. Salen por donde pueden.
Rompen las ventanas. No ven aún la dimensión de la tragedia. Sólo
quieren respirar en el exterior. Pero los gritos no cesan. Vienen de
todas partes. «Así imaginaba yo el infierno», dijo un hombre en
las primeras horas tras el accidente. Y luego rompió a llorar y ya
no pudo decir más. Hay
días en los que pierdo la confianza en la palabra. Esa ridícula
sucesión de letras que no pueden contar, ni asomarse, a estas noches
negras. Todo está en la mirada. Porque los ojos que han visto tanto
dolor, jamás vuelven a mirar de la misma forma. Es un brillo turbio,
una dirección perdida, como si los ojos fueran una pantalla donde
proyectan una y otra vez la misma terrible película. «Sólo saber
si estás bien», escribimos muchos cuando vimos la noticia. Algunos,
tras ese mensaje, no encontraron respuesta. Los móviles no dejaron
de sonar. Ayer muchos seguían vibrando entre el metal, sobre las
piedras, en los bolsillos de personas que perdieron la vida en
Adamuz. En
Adamuz, en agosto, celebran a su patrona. La Virgen del Sol. Del sol,
precisamente. Con su corona de oro. Con su rostro dulce. Porque sólo
la mañana vence a la noche. Hoy es pronto. Aún el duelo es muy
profundo. No hay esperanza ni consuelo. Queda un camino de años.
Pero desde aquí, con torpeza, quiero abrazar con estas palabras a
esa niña y a todos los que viven con dolor estos momentos. Hay
una luz muy lejana. Muy pequeña. Como una estrella que tiembla en el
fondo del firmamento. Un sol frío a una distancia de años. Pero hay
que echar a andar hacia ese punto diminuto. Como esa niña que
caminaba sola y encontró, en un calor desconocido, un segundo de
paz. |