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Hay
gente que no sabe defender sus ideas sin tener el ceño
permanentemente fruncido y suelen militar en los extremos, en un
bando y en otro, ultraizquierda y ultraderecha, los trumpistas y los
'wokistas'. Y dentro de estos últimos, dentro del movimiento woke,
yo diría que a la cabeza de ese movimiento se ubica el feminismo
radical. Y esta ideología en la última década ha fagocitado a la
izquierda hasta el punto de sustituir la lucha por la igualdad
material de las clases trabajadoras, que era la bandera clásica de
la izquierda, por la lucha de género, la lucha de las mujeres contra
los hombres. Y esa lucha es un germen de fanatismo, porque a las
mujeres les dicen que el feminismo radical dará sentido a su vida
entera y resolverá todas sus frustraciones y les dará el culpable
que necesitan, que es el varón. Y
como siempre que surge el fanatismo detrás de aparece la hipocresía,
en este caso la hipocresía de los supuestos aliados. ¿Quiénes son
los aliados? Los aliados son esos hombres progresistas que se
fustigan muy aparatosamente por el hecho de haber nacido varones, es
decir, agentes del patriarcado y violadores en potencia. Pero ellos
juran que están cambiando. Se esfuerzan por lavar la culpa original,
por deconstruir su masculinidad tóxica. Pero, ¿sabes qué pasa con
los aliados? Que a estos tíos las mujeres de izquierdas los tienen
cada vez más calados. Saben que son peores que los machistas de toda
la vida, incluso, porque a los machistas de toda la vida al menos se
les ve venir. Te
cuento todo esto por el caso Paco Salazar, claro, pero también por
el caso Monedero y por el caso Errejón y por el caso Tito Berni y
claro, por el caso Ábalos. "Soy feminista porque soy
socialista", decía el recluso José Luis. Pero ojo, él no es
una excepción, más bien parece la regla en los perfiles de poder
del sanchismo. Se conoce que a Pedro le gustaban así, o le gustan
así, o se conoce que al coche de Pedro cuando lo echaron de Ferraz,
solo podía subirse lo peor de cada casa. Por eso va a haber que
reformular esa afirmación de Ábalos. En adelante habrá que decir,
"Soy feminista, aunque soy socialista”, porque no paran de
salir casos de machismo sanchista, empezando por el fundador de la
secta. Mira lo que le dejó contado el propio Ábalos a Ok Diario que
hoy se publica: “Yo también podría hablar de muchas personas que
han hecho comentarios machistas. Claro que sí. Nadie está excluido,
ni el propio presidente de esos comentarios. Nadie”. Cuidado,
Pedro, cuidado que tu gran desconocido igual te conoció demasiado y
puede acreditarlo. Pero es que es una detrás de otra. Ahora tenemos
un nuevo caso, el del líder del PSOE en Torremolinos, en Málaga. Se
llama Antonio Navarro y ha sido denunciado por una militante
socialista a la que no paraba de mandar mensajes babosos, claramente
no deseados ni consentidos por su subordinada, que al final no tuvo
más remedio que presentar una de denuncia por acoso sexual a la
Secretaría de Organización del Partido en Málaga. ¿Y
qué crees que pasó con esa denuncia en el seno del PSOE en el
partido presuntamente más feminista de España? ¿Qué pasó? Pues
sí, lo que estás pensando. La denuncia llegó a Ferraz. Ferraz la
metió en un cajón y dejó pasar los plazos en los que debía
resolver. Pasaron los meses, lo mismo que con Salazar. Denuncia al
cajón y a esperar a que escampe, o a que las denunciantes se cansen,
pero lo la militante de Torremolinos no se cansó y encima acudió a
la fiscalía a la fiscalía de Málaga, que ayer, 6 meses después de
que la víctima denunciara su caso al partido, 6 meses después,
confirmó la apertura de diligencias y solo cuando la fiscalía se ha
movido ha reaccionado el PSOE malagueño que ha pedido. ahora sí. a
la Ejecutiva Federal que suspenda cautelarmente de militancia al tal
Navarro. Te suena el modus operandi, ¿no? Lo mismo que pasó con el
Errejón, lo mismo, lo mismo que está pasando con Salazar. Los
partidos de izquierdas, por muy feministas que se digan, luego no se
aplican en eso de 'Hermana, yo sí te creo' hasta que el caso ya está
en los tribunales o en los medios de comunicación. Sobre todo si el
afectado, que es un presunto acosador, es una figura importante del
partido, como lo era Errejón en Sumar o como lo era Monedero en
Podemos, o como lo era Paco Salazar en Ferraz y en la Moncloa. Otro
hombre fuerte del presidente al que estuvo a punto de nombrar
secretario de organización del PSOE este verano en sustitución de
Santo Cerdán, si no llega a ser porque las militantes socialistas
alzaron la voz y ahora, claro, Salazar pues igual pasa a ser un gran
desconocido para Pedro Sánchez en su dimensión personal, ¿verdad? Son
las propias militantes socialistas enfadadas y con razón las que
ahora culpan a María Jesús Montero de proteger a su amigo Salazar,
colaborador de tantos años en el socialismo andaluz. Y son las
propias militantes las que se niegan a que el asunto se cierre en
falso una vez más después del bochorno del expediente extraviado y
de la rehabilitación de Salazar por la puerta de atrás, a través
de una consultora de asesoría externa. Por eso, algunas como Adriana
Lastra, que ya denunció en su día los comportamientos machistas de
Ábalos y que acabó siendo purgada por Santos Cerdán, Lastra ahora
exige que se lleve el caso Salazar a la Fiscalía. Ojo
a Adriana Lastra, de momento sigue en Asturias, pero veremos si no
acaba volviendo pronto a la política nacional y jugando un papel
importante en el post sanchismo, precisamente por la autoridad que le
concede haber sido apartada por los machistas que mandaban en su
partido que aún mandan durante toda la etapa sanchista. Pero seguro
que te has preguntado por qué, por qué tantos políticos de
izquierdas que presumían de un feminismo ejemplar revelan una doble
vida que contradice por completo su discurso. Fíjate en el procesado
Errejón que ha pasado de manifestarse el 8M a creer ciegamente ahora
en las denuncias falsas. ¿Sabes por qué pasa esto? Porque como
resulta humanamente imposible estar a la altura de un discurso tan
fanáticamente moralista, tan poco matizado, tan alejado de la idea
del perdón, de la empatía entre sexos; en vez de cambiar el
discurso o atreverse a refutarlo, muchos hombres de izquierda lo
adoptan en público, pero optan por separar radicalmente la teoría
de la práctica. Predican
unas consignas y luego esconden su conducta, que es opuesta a esas
consignas de género. De cara al electorado venden un feminismo
furibundo, tolerancia cero con el macho ibérico, pero de puertas
para dentro sus partidos siguen siendo una verdadera reserva del
patriarcado. Gente como Salazar cree que militar en la izquierda ya
les da carta blanca para comportarse en la vida real como el sargento
más chusquero del franquismo. Y en medio de este cenagal va el
Instituto de las Mujeres, que depende del Ministerio de Igualdad, por
cierto, publica un informe de 20 páginas pagado con dinero público,
claro, para quejarse de que los chavales digan 'charo' en las redes
sociales. Ya
sabes que esta palabra se usa para burlarse de las feministas
radicales que se pasan el día abroncando al personal con el ceño
fruncido y el dedito levantado. Bueno, pues según este informe,
decir Charo constituye nada menos que un mecanismo de violencia
simbólica que deslegitima el feminismo. Mira no, ministra, lo que
deslegitima el feminismo es tu gestión de las antimaltrato de
AliExpress que desprotegen a las víctimas. Lo que deslegitima el
feminismo es la ley del 'Sí es sí' que soltó a 100 violadores y
rebajó las penas de más de 1000. Lo que deslegitima el feminismo es
que no paren de aumentar las denuncias por agresión sexual en España
y tampoco baje el número de crímenes machistas a pesar de todos
vuestros chiringuitos. Y
lo que deslegitima el feminismo es que el PSOE de Ábalos, Koldo,
Tito Berni, Antonio Navarro y Paco Salazar, socio del partido de
Iglesia, Monedero y Errejón pretenda seguir dándonos a todos
lecciones de tolerancia cero con los machistas. |