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Un caballo por 80€, un chaquetón de marca de más de 300€ comprado por solo 10€... nuestros Fósforos han comprado muchas cosas por menos dinero de su valor y Antonio Agredano le pone voz y letra. A
veces confundimos el precio con el valor. Algo barato puede
acompañarnos durante toda la vida y algo caro puede ser irrelevante
cuando habitamos zonas grises, cuando hemos perdido el interés por
todo. Hay pequeñas tristezas en casas enormes y grandes alegrías en
pisos minúsculos. Hemos hecho viajes inolvidables en coches viejos.
He llorado en hoteles carísimos. Tengo
unos zapatos Versace que compré a un precio increíble en un outlet
en las afueras de Florencia. Son tan bonitos que me puedo permitir
ser desdichado si los llevo puestos. Son negros. Con la medusa dorada
en el empeine. Desde que los tengo, estoy loco porque me inviten a
bodas y saraos para calzármelos un poquito. Le he pedido a mi
familia que, llegado el día, me entierren con ellos. Son tan
excesivos, son tan inapropiados, que podrían ser el resumen perfecto
de mi existencia. Todo adiós debe ser silencioso y elegante. Esos
zapatos son mi única ganga. Tan baratos salieron que a veces los
miro y digo: «Si sois falsos, no me lo digáis, mantenedme en la
ignorancia». Con
el tiempo, he ido perdiendo el interés en atesorar objetos. Cada
piso es más pequeño que el anterior. Cada mudanza es un sacrificio.
Dejo atrás libros y ropa. Dejo atrás recuerdos, cuadros y muebles.
Como en los dibujitos, me siento como el Coyote que parece que corre,
pero donde sólo se mueve el decorado. Siempre
perdemos cosas por el camino. A veces, hasta a nosotros mismos. Los
años son maestros severos. Nos enseñan que nada importa demasiado.
Que nuestra carne es fugaz. Que los días son imprevisibles. Que ni
las marcas, ni los pequeños lujos, ni los rescoldos de viejos
amores, nos harán más fuertes. Y
que, al final del trayecto, son las cosas que no valen nada, las más
preciosas que hemos poseído. Las mañanas acompañadas, aquel vino
compartido, un puñado de palabras. Y mis zapatos. No por lo bonitos
que son, sino por con quien hice aquel viaje, por lo que nos llovió
y lo que nos reímos. |