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Por fin, una buena noticia. Que los franceses le hayan dado la victoria a Emmanuel Macron, en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, supone entre muchas otras cosas, un rotundísimo no al fundamentalismo ideológico, y a la anti política: esa suerte de pantomima ideológica que interpretan los mamarrachos siempre en nombre del pueblo.
Macron, el candidato centrista, ha conseguido derrotar a Marine Le Pen, la Juana de Arco de la ultraderecha, del neofascismo, del populismo más visceral y ramplón.
La derrota de Le Pen, es también la derrota de Vladimir Putin y de Donald Trump. Y es la victoria de los que todavía hoy creen en el sueño de una Europa y un mundo unido en sus diferencias.
Ante Macron, el exbanquero liberal de 39 años, que no tenía siquiera un partido que le respaldara; Marine Le Pen, jugó sus cartas - proteccionismo, xenofobia, miedo -, y al final se quedó sin nada que ofrecer como no sea, la reorganización de sus trincheras. Ha anunciado el rediseño de su partido, el Frente Nacional.
La señora Le Pen ha vuelto a demostrar toda su soberbia imperial con ese discurso esmirriado, de apenas tres minutos, en el que aceptó la derrota. Mientras en Paris, en la explanada del Louvre, los seguidores de Macron entonaban La Marsellesa. Por primera vez me pareció que la política puede vivir más allá de la costra que la empercude.
Si algo ha quedado claro es que los franceses han apostado una vez más por la República. Pero Macron no lo va a tener fácil, su camino está lleno de obstáculos, aun si gana la mayoría parlamentaria en los comicios de junio próximo. Necesitará Dios y ayuda para enfrentar la abstenia de los que están hartos y los embates de los populistas de derecha y de izquierda.
El más joven presidente de la República Francesa desde la Segunda Guerra Mundial tiene por delante cinco años para demostrar algo más que las buenas intenciones.
Por el momento, brindemos por la Francia que quiere reinventarse y echemos manos de una frase tópica, aunque nos acusen de "peliculeros": ''Siempre nos quedará París''. Y digámosla, aunque no estemos en aeródromo alguno ni estén cerca Humphrey Bogart ni Ingrid Bergman. via Knit |