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Con los países, sucede como con los barrios; que, en cuestión de nada, de un par de cuadras, todo cambia. Donde aquí hay un parque, allí hay un basurero y así.
Mientras en Mesetas, en el centro de Colombia, la guerrilla de las FARC y el Gobierno enterraban este martes, entre miles de mariposas blancas, más de cincuenta años de conflicto armado, en la vecina Venezuela, no hay quien haga callar los tambores de guerra, de guerra civil que es la peor de todas.
En Caracas, el presidente Nicolas Maduro advertía que el chavismo se iría "a las armas" para hacer lo que no se pudiera hacer solo con los votos, en caso de que el país se suma en la violencia. Y en Colombia, los guerrilleros de las FARC gritaban ''Viva la Paz", ante un presidente Santos que parecía un niño con juguete nuevo. El mandatario dijo que ha sido ''el día en que las armas se cambiaron por las palabras".
Entre tanto, en Caracas y una de esas cadenas obligatorias de radio y televisión que tienen tanto aliento prusiano, Maduro aseguró que su Gobierno ''es la única opción de paz que tiene Venezuela" y prometió que él también iría al combate.
Si las convicciones hay que defenderlas a base de gases lacrimógenos, 77 muertos y durante tres meses de protestas antigubernamentales en las calles, algo falla en tales convicciones y en quienes se empeñan en defenderlas.
Si la paz en Colombia descansa únicamente en las buenas intenciones y en las grandes palabras, el entramado de la armonía peligra.
Por lo pronto, que esas miles de palomas blancas que han sobrevolado este martes a víctimas y victimarios en una aldea colombiana en medio de la nada, crucen la frontera y que con su gracia distiendan los ánimos y desarmen a los tercos en Venezuela . Porque los muertos y las consignas jamás han garantizado la paz. via Knit |