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Acabo de terminar una novela infinita, "El arca de agua" de E.L. Doctorow, uno de los escritores estadounidenses más prominentes.
Más de 300 páginas sobrecogedoras sobre el genio y la locura, y sobre el periodismo que se hacía en Nueva York en 1870.
Hay un momento de la novela que no tiene desperdicio, cuando el narrador, que es editor de un diario local, dice que por aquel entonces -segunda mitad de siglo XIX- a los reporteros no les parecía necesario asumir un tono objetivo en sus crónicas, porque, dice el personaje, "la objetividad es, en definitiva, una manera de enunciar una opinión sin dejárselo saber al lector".
Eso es discutible, pero yo, como el personaje de Doctorow, creo en la honestidad más que en la objetividad.
Y admito que, ante el tema de hoy, resulta muy peligroso mantener la asepsia y el distanciamiento; porque en esta vida poner en el mismo nivel a víctimas y victimarios no tiene perdón de Dios alguno.
Esta noche recibo a la periodista Ilia Calderón, presentadora de la edición nocturna de noticias Univisión, la primera cadena de televisión hispana en Estados Unidos.
Ilia fue amenazada por un cabecilla del supremacismo blanco con quemarla viva.
Ilia Calderón es una colega colombiana, querida y respetada.
Uno ve lo que le sucedió a Ilia Calderón con aquel energúmeno -pueden verlo en nuestra página web- y se pregunta una vez más: cómo un ser humano puede quedar reducido a un bárbaro, incapaz de sentir un ápice de empatía por otro ser humano porque es negro o judío o hispano.
¿Cómo alguien que, además, es un "delincuentón" de lo más vulgar, cita como un autómata a la Biblia?
Ya lo dejó dicho José Saramago, que quien mata en nombre de Dios, convierte a Dios en un asesino.
Que el presidente Trump, tras los choques de supremacistas y activistas antirracistas en Charlottesville, Virginia, dijera inicialmente, porque después matizo, pero inicialmente dijo que había gente buena en los dos lados, resulta terrible.
El relativismo moral ante el racismo o cualquier gesto de intolerancia es una forma de complicidad.
Y eso hay que tenerlo clarísimo, por todas las Ilias que están por llegar y que no se merecen tal embestida. via Knit |