Desde que empezaron a operar en el país, hace poco más de cuatro años, las apps de transporte privado se convirtieron en parte del ‘‘paisaje urbano‘‘ y de nuestra rutina de movilidad.
Su llegada trajo posibilidades de empleo para muchos y un transporte seguro, confiable, rápido y barato para los usuarios.
Sus beneficios son incuestionables, y está claro que estas plataformas llegaron para quedarse. Pero como toda innovación muy reciente, todavía quedan desafíos o zonas grises que hay que atender.