El lenguaje inclusivo es algo cada vez más aceptado en el día a día de los argentinos y argentinas. Pero hay un porcentaje de la sociedad y sectores académicos que todavía se oponen a este cambio importante en el idioma, y lo hacen a partir de argumentos sociopolíticos, lingüísticos, o desde un lugar instintivo.
¿Por qué se da ese rechazo? ¿Qué poder tiene el lenguaje inclusivo a la hora de convertirnos en una sociedad más equitativa y respetuosa de la diversidad?